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19 de Abril del 2018

¿Debate o de bate?

En la política, como en el amor, las primera impresiones son las que flechan o descorazonan. El debate del domingo es una oportunidad única para que Anaya, Meade y Margarita cambien el rumbo de la elección. También será una oportunidad para que López Obrador confirme sus 20 puntos de ventaja y selle el proceso electoral. La moneda está en el aire.

Para todo fin práctico el domingo arranca la campaña presidencial 2018. El primer debate es de facto el banderazo de la carrera rumbo a Los Pinos.

Todo lo hecho o dicho hasta ahora por los cinco candidatos fueron simples ejercicios de calentamiento verbal. Muy malos, por cierto. Abundantes en ataques y ocurrencias, muy pobres en planteamientos.

Ahora viene el momento de la verdad, el de ver sus rostros y escuchar sus palabras.Creerles o no creerles. Estar o no de acuerdo con su proyecto de nación.

El puntero Andrés Manuel López Obrador tiene todas las de ganar y todas las de perder. Puede confirmar sus más de 20 puntos de ventaja e incluso crecerlos o en un arranque de enojo o indignación caer preso de las provocaciones.

Si el candidato de Juntos Haremos Historia logra imponer las neuronas sobre las hormonas, con un discurso simple, insistiendo en tres o cuatro de sus muy vendibles ideas para las masas, no tendrá de que preocuparse.

El segundo, Ricardo Anaya, es el que más tiene que ganar y menos que perder. Viene con el incentivo de querer alcanzar al puntero y reducir la desventaja.Entra a escena fortalecido porque aquellos que lo intentaron matar, fallaron.

Si el candidato de Por México al Frente baja un poco el nivel de su discurso tecnológico para estudiantes de universidades privadas y emplea mejor sus dotes histriónicas y argumentativas hacia las masas, avanzará.

El tercero, José Antonio Meade, tiene su última prueba de fuego. Sobrevivir o morir. Sacar la casta más allá de la defensa a ultranza de que todo lo hecho hasta ahora por el gobierno es magnífico, para enfocarse con enjundia a definir y convencer sobre un cambio sistémico.

 

Si el candidato de Todos por México se libera de las ataduras en las que lo tiene su cerrado equipo de campaña, importado desde la secuestrada oficina presidencial, podrá demostrar que tiene vida propia más allá del Proyecto Videgaray.

La cuarta, Margarita Zavala, tendrá la ventaja de ser la única mujer. Y eso en sí mismo le da ya una diferencia competitiva que tendrá que ser reforzada con ideas que contagien e inviten a pensar que ella sí es opción.

Si la candidata independiente puede divorciarse de la mala imagen de su marido Felipe Calderón, podría tejer una posibilidad creíble, podría crecer sobre dos dígitosy convertirse en el fiel de un tercero para alcanzar la victoria. Urge sonreír más y mostrar menos su rostro abnegado y compungido.

El quinto, Jaime “El Bronco” Rodríguez, tiene muy definido su papel de reventador del show. No solo frente a López Obrador, sino también frente a Anaya. Para eso fue contratado. Será el grosero, petulante, altanero y bravucónque justificará su rol de kamikaze a sueldo  bajo al argumento de que va tarde y tiene que recuperar terreno.

Si el candidato independiente tiene éxito al sacar de sus casillas a López Obrador o Anaya, logrando que los rostros de los dos punteros se descuadren para que pierdan pisada se vean como desconfiables, habrá valido para quienes desde la ilegalidad lo metieron con calzador en la boleta 2018.

Por supuesto que será el primer debate. Faltarán dos más. Pero no hay que olvidar que en la política como en el amor, las primeras impresiones son las que flechan o descorazonan.

Por eso decimos que del nivel de propuestas o del golpeteo, lo que veremos ese domingo podría cambiar de ser un debate a un “de bate”.