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17 de Mayo del 2019

Cuitláhuac y Cuauhtémoc

A menos de seis meses de arrancada la Cuarta Transformación, los gobiernos de Veracruz y Morelos están convertidos en dos de las mayores pesadillas políticas para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador
Cuitláhuac y Cuauhtémoc fueron los dos últimos emperadores del Imperio Azteca. Pero Cuitláhuac y Cuauhtémoc están convertidos hoy en dos de las mayores pesadillas políticas para el gobierno de la Cuarta Transformación. Cuitláhuac García es el gobernador de Veracruz que bajo el amparo de Morena le ganó al PAN y al PRI el emblemático estado. Solo superado por el Estado de México y por la Ciudad de México, Veracruz es con 5.6 millones de votantes potenciales el tercer estado en importancia electoral, superando a Jalisco, Puebla y Nuevo León. Cuitláhuac ganó con el 44 por ciento de los votos emitidos y fue el orgullo de Andrés Manuel López Obrador, quien es notorio que tiene un especial afecto por el veracruzano. El inquilino de Palacio Nacional está convencido de que el ahora gobernador de Veracruz es un buen hombre, pero que le falta oficio y tiene un débil círculo de colaboradores que no solo no lo ayuda, le estorban. Lo malo de la historia es que ya comienza a hacerse de fama pública que Cuitláhuac no se deja ayudar, por más mensajes y refuerzos que el presidente le envía desde la Ciudad de México. Para justificar su desgracia, Cuitláhuac dice que su mala sombra es Jorge Winckler, el primer fiscal autónomo nombrado durante el gobierno de su antecesor Miguel Ángel Yunes. Las diferencias entre el gobernador y el fiscal, que vienen desde la campaña, se aceleraron cuando se dio un intento fallido de destituir a Winckler al presentársele varias demandas judiciales. Lo acusan de presuntamente proteger a delincuentes de alto impacto y de esconder 150 órdenes de aprehensión. Y mientras Cuitláhuac y el fiscal se reparten golpes y culpas, la imagen de Morena en Veracruz baja, encendiendo los focos rojos a Yeidckol Polevnsky, la lideresa de Morena. El otro caso espinoso para Morena es el de Cuauhtémoc Blanco, el ex futbolista convertido en gobernador de un estado tan próximo a la Ciudad de México como lo es Morelos. A nadie escapa que Cuauhtémoc es un político limitado que,  si bien pasó por la alcaldía de Cuernavaca, la vox populi lo ubica como una marioneta manejada tras el telón por el promotor futbolístico José Manuel Sanz, mejor conocido como “El Español”. El gobernador morelense tiene una codependencia de Sanz desde el año 2000, cuando el fichador de jugadores se llevó al mexicano a jugar al Real Valladolid en España. Y cuando Cuauhtémoc se rentó como político al Partido Encuentro Social y entró a disputar la alcaldía de Cuernavaca, para nadie fue un secreto que “El Español” fue su jefe en el cuarto de guerra y se instaló como Secretario Técnico del Ayuntamiento. Desde que Cuauhtémoc Blanco se hizo cargo de Cuernavaca y más ahora como cacique político del Estado, Morelos vive abundantes denuncias de rampante corrupción, pero sobre todo de un peligroso repunte en la criminalidad. La ejecución el pasado 8 de mayo en pleno día de un líder de la CTM y un presunto empresario, en pleno zócalo de la plaza principal de Cuernavaca frente al Palacio de Gobierno, es un termómetro que marca el elevado calentamiento de la plaza. Pero la crisis no solo le está estallando en las manos a Cuauhtémoc Blanco, sino también al partido Morena bajo cuyas siglas y de la mano del desaparecido Partido Encuentro Social fue postulado el ahora gobernador, a pesar de las advertencias de que sería un desastre. Quizás por eso ya en Morelos se corre el chiste de que su gobernador en el nombre siempre llevó la penitencia: Cuauhtémoc, Aguila que Cae. Y hoy nadie se atreve a darle golpe en la mesa, porque el ventrílocuo Sánz ya mandó decir que si le desconocen a su gobernador, con la mano en la cintura ficharán en otro partido. Sea como fuere, a menos de seis meses de arrancada la Cuarta Transformación esos dos gobiernos morenistas y como maldición azteca, Cuitláhuac y Cuauhtémoc, están convertidos en el tormento de Morena. El presidente López Obrador y Yedickol Polevnsky tienen la última palabra.