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23 de Enero del 2019

¡Cuidado con PRIMOR!

¿Cómo vender un discurso que declara la guerra a la corrupción y a la impunidad, cuando se hacen alianzas políticas entre PRI y Morena a las que llaman Primor?

Se entiende que el arte de gobernar pasa por la construcción de un puente entre lo deseable y lo posible.

Un político o un partido pueden desear toda clase de utopías sociales y económicas, pero si no se aterrizan en la práctica serán solo sueños de humo.

Para vencer, convencer, esas ideas tienen que concretarse para cumplir con modificar el status quo.

Viene todo este cuento a colación por la evidente alianza entre Morena y el PRI para concretar las políticas de gobierno de la Cuarta Transformación.

El último caso que se asoma en lo que ya fue bautizada como la alianza Primor (PRI-Morena) es el de la designación del gobernador interino de Puebla.

En una entidad que perdió a su gobernadora panista en un accidente de helicóptero, acaba de ser designado por la mayoría morenista del Congreso local un gobernador interino priista.

El partido que volvió a sacar al PRI de Los Pinos le entrega el gobierno de Puebla a un protegido del priista Mario Marín, alias el “Gober Precioso”, y amigo de Miguel. Aunque sea por unos meses mientras viene la elección, huele a pacto inconfesable.

Días antes, en la Cámara de Diputados, Morena aceptó una alianza, también con el PRI, para sacar adelante su iniciativa de la Guardia Nacional.

¿Tan generoso el tricolor como para pavimentarle el camino al presidente López Obrador de a gratis? No lo creemos. Ya veremos con el tiempo el precio que se pactó.

Es entendible que el gobierno de la Cuarta Transformación esté urgido de sacar adelante sus proyectos e iniciativas. Y que por antagonismos ideológicos, el PAN no será el aliado para construir un buen gobierno.

Pero luce aberrante que hoy el presidente López Obrador y Morena, los mismos que ganaron montados en las condenas a las prácticas corruptas y de impunidad del PRI, acaben aliados con el tricolor para instalar un co-gobierno.

Máxime cuando ese hecho se mezcla con las declaraciones presidenciales del perdón, sin que hasta ahora se exhiban responsables de ilícitos del pasado priista o panista, como podrían ser los responsables del criminal huachicoleo. Nadie está en la cárcel.

¿Cómo venderle al pueblo bueno y sabio un discurso que declara la guerra a la corrupción y a la impunidad, cuando las alianzas políticas se hacen precisamente con el partido al que se acusa de ser el promotor de esa corrupción e impunidad?

Sería muy lamentable que en aras de sacar adelante sus muy legítimos sueños de un México mejor, el presidente López Obrador acabe instalándose en el muy calderonista “haiga sido como haiga sido”.

Dirán que todo es producto del inevitable pragmatismo político. Y que sin esas alianzas que huelen a inconfesables no avanzaría la Cuarta Transformación.

Pero también sería un acto de suprema hipocresía, que va contra la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, el trastocar la renovación moral que tanto se prometió en campaña, sentándose a la mesa a pactar con la acusada mafia del poder que saqueó a México.

Si así va a ser, lo mejor será ir formalizando una vicepresidencia, que sin duda estaría a cargo de Miguel Ángel Osorio Chong, el líder de la bancada en el Senado.

Y vamos admitiendo que la Cuarta Transformación acabará en un co-gobierno en el que el partido bisagra, el PRI será quien acabe decidiendo que pasa y que no pasa por el Congreso federal y los Congresos locales. Así, o más claro.