4 de diciembre 2020

¡Que alguien me explique!

Cubrirle la boca al presidente…

De nada sirvió que el doctor Tedros Adhanom lanzara la alerta sobre nuestro país por la poca seriedad con la que se está atacando la pandemia, si Andrés Manuel López Obrador rechaza el uso del cubrebocas

Por Ramón Alberto Garza

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La verdad, cada día se hace más que imposible tratar de entender al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Imposible, porque ya se decidió a hacer de la controversia su bandera política, no solo contra quienes no opinan como él en México, sino en el mundo entero.

Tomemos el caso que sucedió el miércoles en La Mañanera,  con la respuesta que el inquilino de Palacio Nacional le dio al llamado de atención que le dio a México la Organización Mundial de la Salud.

De nada sirvió que el doctor Tedros Adhanom lanzara la alerta sobre nuestro país por la poca seriedad con la que se está atacando la pandemia. En su autismo, el epidemiólogo Hugo López-Gatell lo ingnoró.

Pero los principales jefes de la Organización Mundial de la Salud advirtieron de la urgencia de usar obligatoriamente el cubrebocas y que los líderes fueran el ejemplo para sus gobernadores.

“Ya lo hemos dicho: es importante usar cubrebocas, lavarse las manos, y esperamos que los líderes sean modelos”

Pero el presidente López Obrador hizo oídos sordos a esas recomendaciones. O mejor dicho, les dio la contra volviendo a declarer que el cubrebocas no es indispensable.

“Me dice el doctor Hugo López-Gatell que es el que me orienta, y el doctor Alcocer, que no es indispensable. Si se usa el cubreboca y de esa manera se siente la persona más segura, adelante. Todos a tener el cubrebocas. Si una autoridad así lo recomienda, pues hay que hacerle caso”.

¡Qué contradicciones, señor Presidente!

Lo que está diciendo el inquilino de Palacio Nacional es que la palabra del muy cuestionado -ya internacionalmente- López-Gatell, vale más que la del científico del máximo organismo sanitario del mundo. ¡Qué devoción al epidemiólogo presidencial!

Luego hay que aclararle al presidente López Obrador que el uso del cubrebocas, ya aceptado obligatoriamente en todo el mundo, no es discrecional. No se trata de que la persona que lo usa se sienta más segura, como él lo dijo.

De lo que se trata es que todos, absolutamente todos los mexicanos, usemos el cubrebocas, porque podemos ser fuente de contagio a terceros. No es por voluntad, es por obligación. Para que quien esté contagiado no disperse el virus.

Pero lo que es patético es que tanto el mandatario como su epidemiólogo se defienden como si México presentara las mejores cifras en el combate de la pandemia.

Todo lo contario. Mantenemos el peor récord de mortalidad por cada 100 contagiados. Arriba del 10 por ciento, cuando el promedio mundial es casi tres veces menor, alcanzando apenas 3.5 por ciento. Eso seguramente se lo esconde López-Gatell al presidente. O ninguno lo quiere ver.

Quizás lo que el inquilino de Palacio Nacional ignore es que ya existe una abierta rebelión en todo el sistema nacional de salud contra las políticas y las mentiras de López-Gatell.

Jefes sanitarios, directores de hospitales, médicos prominentes y servidores del sector salud preparan ya un exhorto contundente pidiéndole al presidente López Obrador la remoción por incompetente de López-Gatell.

Por lo pronto, desde el frente politico, ya se hizo presente la sensatez. El ejemplo lo dio Claudia Sheinbaum, quien a pesar de lo dicho por el president, de que el cubrebocas no es indispensable, ella dijo que el cubrebocas es parte de la solución.

Y en su cuenta de Twitter, la jefa de gobierno de la Ciudad de México tecleó: “Buenos días. Para ser parte de la solución: cubrebocas y sana distancia”.

“Cada quien es libre”, se limitó a responderle el presidente López Obrador.

No, señor presidente. En una situación de emergencia sanitaria, las autoridades mundiales del tema ya le dijeron no solamente que se tome en serio la pandemia. Que dé el ejemplo usando el cubrebocas.

Y si usted rechaza el uso del cubrebocas para contener la pandemia, al menos use alguno para dejar de decir algo de lo que mañana se pueda arrepentir.

Lo último que los mexicanos necesitamos es que al ignorar las urgentes recomendaciones sanitarias que se aplican en todo el planeta -y dados los pésimos resultados en el manejo de la pandemia en México- las autoridades mexicanas sean acusadas de genocidio. Para allá vamos.

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