FACEBOOK

VISTAS
05 de Abril del 2019

Crisis en Morena

Exultantes de poder tras el aplastante triunfo morenista de la elección presidencial y el control legislativo, los dos liderazgos más fuertes del partido chocan abiertamente, sin recato, a plena luz del día. ¿Se perderá Morena como partido al igual que sucedió con el PAN tras las elecciones del 2000?
Una de las joyas de sabiduría que nos heredó el líder panista Carlos Castillo Peraza es aquella que reflexiona sobre los peligros de “Ganar el poder, sin perder el partido”. El último de los grandes ideólogos del PAN entró en abierto conflicto con su partido durante la campaña presidencial de Vicente Fox, cuando chocó frontalmente con su muy ingrato discípulo Felipe Calderón, entonces presidente del PAN. Aún antes de ganar la elección presidencial del 2000, el panismo vivía una crisis entre sus antagónicas tribus. Y el choque de visiones entre los doctrinarios y El Yunque lo fracturó. Castillo Peraza renunció a ese PAN del que era hijo predilecto y fue su líder nacional. El intelectual murió el 9 de septiembre del 2000. Vio el triunfo de Fox, pero no alcanzó a testificar su entrada a Los Pinos. Pero una de las últimas sentencias de Castillo Peraza se volvió profética: “Cuando Fox acabe con esto, perderemos el gobierno y ya no tendremos partido”. Diecinueve años más tarde y dos malos gobiernos panistas después, el PAN perdió el gobierno y también se perdió como partido. Viene esta historia a cuento porque ahora que ganó el gobierno, Morena está a haciendo sobrados méritos para perderse como partido. A diferencia de lo que le sucedió en el 2000 al PAN, el conflicto no radica en el presidente Andrés Manuel López Obrador, sino en las disputas abiertas que ya se dan entre las tribus morenistas. Exultantes de poder tras el aplastante triunfo morenista de la elección presidencial y el control legislativo, Yeickol Polevnsky y Ricardo Monreal chocan abiertamente, sin recato, a plena luz del día. Con todas sus consecuencias. A la presidenta nacional de Morena se le acusa de traer demasiados hilos sueltos, de no respetar los liderazgos locales, de abrir demasiados frentes de confrontación y de ceder bastones de mando regionales a quienes o no lo merecen o no califican. La queja es que escucha poco y no se deja ayudar. Que hizo de la virtud de la terquedad su defecto. Al jefe de la bancada morenista en el Senado, con largo historial desde los días de gloria del PRD y un juego político que solo se da por tantos años como operador de primera fila, se le señala desafiante del liderazgo formal de la presidenta de Morena. Tiene amplios apoyos de quienes controlan a ese partido en los Estados. La vox populi es que los Monreal van por el control del partido. El 2024 bien lo merece. Y en medio de Yeickol y Monreal, la figura poco visible pero con fuerza silenciosa de un Gabriel García Hernández, escudero desde hace 15 años del presidente López Obrador, quien reorganiza las estructuras de poder de Morena desde las designación de delegados en todos los Estados. El poder desde el control de las bases. Lo que se asoma en la gran fractura morenista es exactamente lo que le pronosticó Castillo Peraza. Están en la antesala de cumplir aquello de que ganando el gobierno, están perdiendo al partido. Y hasta ahora se aprovechan de que el presidente López Obrador es respetuoso del partido. Pero en una de esas, cansado de ver la discordia entre sus tribus, podría verse obligado a invocar su bastón de mando. Entonces sí, que se cuiden los morenos, los güeros y hasta los pelirrojos. López Obrador no es Fox.