18 de octubre 2021

12 de octubre 2021

¡Que alguien me explique!

Corrupción y teatro

El presidente López Obrador insiste en sus discursos que “Ya no es lo mismo, ya se acabaron la corrupción y la impunidad”. Valdría la pena que aclarara cuándo, con quiénes y en dónde

Por Ramón Alberto Garza

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Una de las características que ya son clásicas dentro del gobierno de la Cuarta Transformación es la de tronar el cuete de la corrupción, que termina cebado por el desplante de la impunidad. Mucho ruido, pocas nueces.

Los casos fallidos, mal manejados e incluso frustrados, se acumulan por días, sin que pueda celebrarse lo que algún día, en alguna Mañanera, con bombo y platillo se anunció como la gran epifanía que decretaba la desaparición de la corrupción y el fin de la impunidad.

Acabamos de vivir el ridículo para las autoridades judiciales de que Emilio Lozoya Austin, el personaje más emblemático de la corrupción del pasado sexenio, confeso de haber recibido millones de dólares en sobornos, se fuera a comer al celebrado restaurante Hunan, a pesar de estar en arraigo.

Ahora aclaran que ese arraigo no se limitaba a su hogar, sino a toda la vasta Ciudad de México. Suertudo que es. Y el presidente Andrés Manuel López Obrador, en la Mañanera de ayer, se concretó a decir que “es legal, pero no es moral”. ¡Bendita justicia conmutativa que ya le dio a Lozoya Austin licencia para salir a comer a sus restaurantes favoritos!

Otro de los personajes sexenales, Alonso Ancira, el dueño de Altos Hornos de México al que el ex director de Pemex le compró con sobreprecio una empresa chatarra -Agronitrogenados- incumplió todo lo que le prometió al gobierno de la Cuarta Transformación.

Lo extraditaron desde España -igual que a Lozoya- bajo la promesa de que sería hombre libre si devolvía el excedente que le pagaron y con ello se le perdonarían todas sus fechorías. ¿Cuántos podrían salir de las cárceles si les ofrecieran un acuerdo para devolver lo robado?

Ancira firmó un acuerdo que ya incumplió. Dijo que vendería Altos Hornos a terceros y que pagaría los 200 millones de dólares prometidos. Hoy, gozando en su calidad de ciudadano norteamericano, despacha desde San Antonio, en Texas, sin haber cumplido lo que prometió. Y el Fiscal, como si nada. Ni tarjeta amarilla.

Y qué dicen de André y Max El-Mann, los hermanos que defraudaron con un contrato leonino de cobranza al Infonavit y que prometieron devolverle al gobierno dos mil millones de pesos para que les perdonaran su corrupto arreglo en lo oscurito durante el sexenio anterior.

Quién puede olvidar aquella Mañanera en la que el fiscal Alejandro Gertz Manero le entregó al presidente López Obrador aquel cheque de los hermanos El-Mann, que serviría para cubrir los premios de la rifa del avión presidencial, pero que hasta ahora -15 meses después- no pueden ser cobrados.

El dinero lo tienen los hermanos El-Mann, en una cuenta que dicen está congelada. ¿Alguien que desde el gobierno se apunte para descongelarla y recuperar lo presuntamente robado?

¿Y qué pasó con la famosa rifa del avión presidencial, en la que desfilaron millones y millones de pesos de cachitos comprados por asustados empresarios convocados en aquella inolvidable cena del tamal de chipilín con champurrado de chocolate?

El avión todavía está en el hangar presidencial, no tiene cliente a la vista y jamás se rifó. Lo que se repartió fue el equivalente a una fracción de su costo. Pan y circo para Juan Pueblo.

Tampoco pueden olvidarse los videos en los que un funcionario de la Cuarta Transformación, David León, entregaba sobres llenos de efectivo a los hermanos Pío y Martín Jesús López Obrador, dizque para apoyar a Morena o como préstamos personales.

Al personaje corruptor, ligado íntimamente a Manuel Velasco, ex gobernador de Chiapas y uno de los jefes supremos del Partido Verde, nadie lo llamó a cuentas. Solo fue despedido. Ni él, ni los hermanos del presidente, enfrentan acciones judiciales por sus presuntos actos de corrupción.

Y el Partido Verde, el que apadrina Velasco y que “centaveó” a los hermanos incómodos, se mantiene como “aliado estratégico” del inquilino de Palacio Nacional y de Morena para las reformas constitucionales que se avecinan, comenzando por la eléctrica. ¿Doble moral?

Lo que intentamos dejar en claro es que te apellides Lozoya, Ancira, El-Mann, León, López Obrador o incluso Beyruti o Álvarez Puga, si un día te exhiben como corrupto, al día siguiente puedes calificar para acreditar tu pase a la impunidad. Firmado, sellado y entregado desde el gobierno que se dice enemigo de la corrupción.

¿Alguien sabe si a Julia Abdala, la pareja sentimental de Manuel Bartlett, ya se le pidió explicación sobre el monto y el origen de los fondos que le aparecieron en los ya famosos Pandora Papers? ¿Y las casas no declaradas del director de la CFE? ¿Y las asignaciones de contratos de ventiladores a los hijos de Bartlett, se cumplieron?

El presidente López Obrador insiste en sus discursos que “Ya no es lo mismo, ya se acabaron la corrupción y la impunidad”. Valdría la pena que aclarara cuándo, con quiénes y en dónde.

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