29 de mayo 2022

13 de julio 2018

¡Que alguien me explique!

Córdova, sin tarjetas

Es justo reconocer que, después de un largo periodo de campaña marcado por la extrema polarización, el Consejero Presidente del INE, Lorenzo Córdova, entregó excelentes cuentas a la ciudadanía. Salvo algunos incidentes menores, las elecciones del 1 de julio fueron prácticamente impecables.

Por Ramón Alberto Garza

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En medio del jolgorio nacional festinado por del 53 por ciento y el luto de los otros 47 después de ver el resultado de la elección presidencial, olvidamos reconocer lo suficiente al jugador 23: el árbitro Lorenzo Córdova Vianello.

Justo es aceptar que a pesar de las dudas sembradas a lo largo de una contienda política en exceso polarizada, el presidente del Instituto Nacional Electoral (INE) presentó excelentes cuentas a la ciudadanía.

El conflicto mayor del primero de julio era que en muchas de las casillas las filas eran muy largas. Es decir, la votación era copiosa. Pero poco o nada que lamentar, como sucedía en las atropelladas elecciones años atrás.

El día transcurrió sin novedades graves. Y lo que todavía es mejor, Córdova salió en tiempo y forma, a las 8 de la noche, para dar con toda la certidumbre las cifras del conteo rápido realizado por el INE.

Por primera vez en muchos sexenios -salvo en la elección de José López Portillo que fue candidato único- los mexicanos nos fuimos aquella noche a dormir, con la certeza de quien sería nuestro próximo presidente.

Fue también ese conteo del INE el que le dio la luz verde al presidente Enrique Peña Nieto para salir a reconocer de inmediato, sin regateos, la victoria de López Obrador.

Y ese hecho, sumado a la salida anticipada de los candidatos José Antonio Meade y Ricardo Anaya, le acabaron de dar toda la certidumbre democrática a un proceso que se anticipaba ríspido y conflictivo.

Mucho de esto, sin duda, se debe a la actitud de los candidatos y de sus partidos. Pero sin duda la pinza que lo cierra todo es la actitud del presidente del INE y la confianza que mostró en todo lo que sucedió ese día.

Por supuesto que no todo es terso. Pero lo que se quedó en la mesa, como los pendientes en Puebla o los conteos en la metrópoli de Monterrey, son gajes del juego político que se definirán en tribunales.

El único pendiente que nos dejó Córdoba fue el de explicar el por qué se le permitió a un delincuente confeso como Jaime “El Bronco” Rodríguez figurar en la boleta electoral.

De poco sirve probar las fechorías en la recopilación falsa de firmas, con recursos del erario estatal de Nuevo León y el presunto lavado de 15 millones de pesos para lograrlo, si solo se le aplica una multa de 700 mil pesos y el juego sigue.

Dirán que ese ya no es asunto del árbitro, quien se limitó a probar el delito y lo hizo. Pero si en un juego el árbitro saca la tarjeta roja a un jugador y otros directivos de la FIFA desconocen el castigo y lo dejan en amonestación, el árbitro está pintado.

Pero esos ya son prietitos en el arroz que por fortuna no cuentan. Lo conseguido por el Bronco-delincuente en nada altera el resultado de la elección del primero de julio.

Por eso en medio de todos los cuestionamientos que recibió durante los tres meses de campañas, lo consumado el día de la elección legitimaron y dignificaron su posición.

Lorenzo Córdova puede presumirle en su historia el haber entregado cuentas claras en una de las mas polarizadas elecciones presidenciales, que acabó sellada como la más democrática. Honor a quien honor merece.

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