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17 de Abril del 2020

Conspiración Covid19

Existe una teoría conspirativa sobre la aparición del Covid-19 que no solo va ganando adeptos, sino que va acumulando información dura, comprobable, recopilada por prestigiosos medios y programas científicos.
Desde la primera aparición del Coronavirus en China las teorías de conspiración envuelven a este virus mortal que está sacudiendo la entrañas de la salud, la economía y la política del planeta. Pero existe una teoría conspirativa que no solo va ganando adeptos, sino que va acumulando información dura, comprobable, recopilada por prestigiosos medios y programas científicos. El de ser una guerra bacteriológica con un propósito. Esa teoría se basa en cuestionar quién es el padre del virus Covid-19 gestado en un laboratorio de la ciudad china de Wuhan y con qué propósito fue creado. ¿Su diseminación fue accidental o planificada y se salió de control? Los datos duros advierten que el Coronavirus fue creado en una mutación que se gestó en experimentos promovidos por el National Institue of Health y por virologistas militares del laboratorio de armas biológicas en Fort Detrick, en Estados Unidos. Ellos lograron una alianza con los laboratorios de Wuhan, en China, presumiblemente para acelerar una evolución del Coronavirus mediante la mutación del virus incubado en murciélagos para medir su nivel de contagio y daño en seres humanos. Su objetivo era adelantarse al futuro para estar preparados para una pandemia de alto impacto. De hecho, el diario británico Daily Mail reportó esta semana que el hoy célebre epidemiólogo Anthony Fauci y su Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas habría aportado 3.7 millones de dólares para este experimento. Más aún, uno de los científicos norteamericanos que intervenían en el laboratorio Chino denunció peligrosas fallas y en 2014 el entonces presidente Barack Obama ordenó que los fondos a los laboratorios de Wuhan fueran suspendidos. Estados Unidos se retiró del experimento, pero China lo continuó. En diciembre del 2017, el diario New York Times reportó que esos investigadores crearon un monstruoso virus que podría escapar del laboratorio y sembrar una pandemia. Pero el destino nos alcanzó y cinco años después, en octubre de 2019, el virus ya de patente completamente china y que estaba en proceso de mutación se escapó del laboratorio de Wuhan. Y la pandemia se esparció mortalmente por el mundo entero. A partir del desastre que costó el contagio hasta ahora de dos millones y la muerte de 145 mil se iniciaron las investigaciones que van en dos direcciones, más allá de lo que podría haber sido –nada descartable- un simple y letal accidente de enormes consecuencias globales. Una teoría conspirativa, la primera que corrió, ubicaba la tesis en que China desencadenó el virus buscando con esta primera “guerra biológica” asumir más poder político y económico sobre el mundo. Se desencadenó en Wuhan, es cierto, pero el resto de China fue marginalmente contagiada. Y la curva de la viralización en la ciudad epicentro se controló al extremo de que Wuhan ya está de pie, de vuelta a la normalidad. De hecho China, origen del contagio, ocupa el séptimo sitio en el ranking de contagiados. Los seis países que la superan en contagios so Estados Unidos, España, Italia, Francia, Alemania y Reino Unido. Seis países de la OTAN. Pero hay quienes presumen que el contagio global que colasó los mercados financieros le dieron la oportunidad a China de comprar relevantes posiciones accionarias en corporaciones globales gracias a sus reservas de un trillón de dólares en bonos del tesoro norteamericano. La otra teoría conspirativa, que va tomando más forma, es que los Estados Unidos colaboraron y fondearon al laboratorio de Wuhan hasta tener la certeza de que la mutación fuera en curso. Propagado el virus el daño sería limitado, pero no se contó con que el contagio se saldría de control y cobraría su elevada factura -incluso en los Estados Unidos- que en principio fue uno de los participantes y financiadores del experimento. Sea como fuere, el gobierno norteamericano podría estar ahora ante la posibilidad de reclamarle a China trillones de dólares en daños y perjuicios a su economía, si logra probar que los científicos chinos pecaron de negligencia. Además, los norteamericanos tienen las pruebas documentales de que abandonaron en el 2014 el experimento, documentando serias fallas que años más tarde desataron la pandemia. De ser deudor de China, que tiene en sus arcas un trillón de dólares de deuda norteamericana, los Estados Unidos podrían reclamar en una corte internacional el pago de al menos los dos trillones de dólares que está costando el rescate por el impacto del virus que “se escapó”. Un trillón vendría de invalidar los bonos norteamericanos en poder de China –se borraría la deuda- y el otro trillón en negociaciones para compensar el desbalance en la balanza comercial desfavorable a Estados Unidos y pactar una Línea Maginot en el reparto de los territorios para la aplicación de las nuevas y emergentes tecnologías, como la 5G, en donde China hoy lleva ventaja. ¿Descabellado? Quizás. Pero las piezas del rompecabezas comienzan a salir a flote y tan pronto la pandemia esté bajo control descubriremos si las sospechas -unas u otras- tenían su fundamento o eran simples teorías de conspiración.