9 de agosto 2022

16 de febrero 2021

¡Que alguien me explique!

CFE: Gélida caladita

El mega apagón del norte de México fue apenas una caladita que nos dejó en claro cuán frágil es el sistema energético de nuestro país.

Por Ramón Alberto Garza

COMPARTE ESTA HISTORIA

Antes de desgarrarse las vestiduras por el mega apagón de ayer lunes -que afectó a 7 millones 177 mil usuarios en seis estados- vale la pena analizar el contexto para no acabar crucificando inocentes, ni perdonando culpables.

Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas, Chihuahua, Durango y Zacatecas viven todavía hoy, y lo continuarán durante días, una gélida pesadilla por la falta de gas para que las plantes de la CFE generen la suficiente energía eléctrica.

La causa central: la peor onda fría que azota a Texas y al norte de México y que disparó el consumo de gas natural, hasta elevar su precio de tres dólares el millón de BTU a casi 200 dólares. Demanda al cielo, oferta al suelo.

A eso hay que sumar la escasez de gas natural, producto del congelamiento de algunos de sus centros de producción en Texas.

La perversa combinación de excesiva demanda por la onda polar que bajó los termómetros a 10 grados bajo cero así como las fallas en la extracción del energético, colapsaron el sistema.

Sin exonerar que existan fallas sistémicas en la CFE y sin buscar en el mal de muchos el consuelo de los tontos, hay que saber que lo mismo que pasó en el norte de México sucedió en casi todo Texas.

Regiones enteras del estado norteamericano que más gas natural produce se quedaron sin electricidad, porque la demanda se disparó desproporcionadamente.

Y ante este estado de emergencia, contemplado en los contratos del gas que los texanos le venden a México, la preferencia fue surtir a los consumidores norteamericanos. Y a pesar de ello, no se dieron abasto. Texas vivió también su macro apagón.

Pero lo que el mega apagón del norte de México vino a exhibir ayer en toda su crudeza fue la enorme dependencia que tenemos de que Estados Unidos nos surta el 64 por ciento del gas natural con el que movemos la industria y suministramos energía a los hogares. En una crisis de temperaturas gélidas, el modelo colapsa.

De hecho, tendría en justicia que extendérsele un reconocimiento a la División Golfo Norte de la CFE, que sorteó la severa crisis reestableciendo ayer mismo el servicio en el 80 por ciento de los hogares y dándole prioridad a hospitales y a las plantas de suministro de agua potable, para no generar otras crisis.

Pero dicho lo anterior, el mega apagón del norte de México obliga a una profunda reflexión, que va mas allá de las ideologías.

¿Cómo podemos dejar de depender del suministro energético de un país, en este caso vecino nuestro, que por su cercanía geográfica puede enfrentar crisis simultáneas de exceso de demanda –como sucedió ayer- sin que los consumidores mexicanos estemos impotentes aceptando que somos los últimos en la lista del abasto, después de los texanos?

¿Le da esto la razón al presidente Andrés Manuel López Obrador de que la llamada Reforma Energética se entregó a los mejores postores –en medio de corruptelas- y ahora algunos de esos postores se volvieron impostores al incumplir sus contratos, así sea por fuerza mayor?

¿Podría investigarse una línea de información que habla de que el Cenace y la CFE, a sabiendas de que se nos venía un frío siberiano, se negaron a cubrir el costo del encarecimiento del gas natural importado de Texas y que por esa razón se nos redujo o se nos cortó el suministro?

O quizás como lo advertimos aquí mismo el pasado viernes en el video editorial titulado “La Guerra que Viene”, ¿podría ser esta apenas una probadita de lo que nos puede suceder si insistimos en cancelar las inversiones extranjeras –preponderantemente norteamericanas- que se hicieron en energías limpias y que ahora el gobierno de la Cuarta Transformación amenaza con desconocer?

El mega apagón del norte de México fue apenas una caladita que nos dejó en claro cuán frágil es el sistema energético de nuestro país.

Sirvió también para exhibir la excesiva dependencia de suministradores extranjeros sobre los que no tenemos autoridad ni soberanía alguna.

Pero sobre todo para entender que no estamos listos para sentarnos a negociar -bajo circunstancias iguales- un cambio de reglas del juego, so pena de que el quiebre sistémico del suministro vital de los energéticos se nos colapse.

Si de verdad el presidente Andrés Manuel López Obrador quiere resolver el problema de fondo -dejando un lado ideologías- debería de convocar a los más sobresalientes expertos energéticos no solo de México, sino del mundo entero, para trazar una estrategia más sensata, menos vulnerable.

Esperar que de la mente poco brillante e ideologizada de Manuel Bartlett brote alguna solución sería inútil. Solo se prolongará la agonía y la guerra energética con el vecino del Norte será inevitable. Hoy estamos perdidos. Helados paleta.

Publicidad
Publicidad
Publicidad