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20 de Marzo del 2019

Catástrofe en Deer Park

El incendio en la refinería de Deer Park podría tener un impacto en las arcas nacionales. Y es que, la refinería texana le compra a Pemex 120 mil barriles diarios de crudo
El lunes 18 de marzo, en pleno día de la celebración de la Expropiación Petrolera, en Houston, Texas, se registraba un espectacular incendio en la refinería de Deer Park. Cinco mega tanques con crudo, gasolinas y tolueno ardían, poniendo en crisis la producción de esa emblemática refinería de Shell. Es la misma refinería que durante años surtió la mayoría de la gasolina que importa México de los Estados Unidos, pero que por fortuna sus instalaciones fueron convertidas hace poco a la producción de gas avión –jet fuel- para el Ejército norteamericano. Y la producción de combustibles, incluyendo los de México, su principal cliente, se dispersaron a otras refinerías de Shell en la Unión Americana. Lo hicieron después de que en abril del 2017 el huracán Harvey azotó las costas texanas e inhabilitó gran parte de esa refinería de Deer Park. Fueron los día en que Pemex debió salir de emergencia a los mercados internacionales para comprar gasolinas en Bermuda, en la costa este de Nueva York y en Alabama. Crisis superada. Pero si bien hoy la dependencia mexicana hacia Deer Park ya no existe en combustibles, sí se da en la compra del crudo mexicano. Para su operación diaria, la refinería texana le compra a Pemex 120 mil barriles diarios de crudo. Para medir el tamaño del compromiso, significan algo así como el 8 por ciento de las exportaciones mexicanas de crudo. Como el siniestro iniciado el pasado lunes en sus instalaciones es calificado como causa de fuerza mayor, Deer Park y Shell tienen por contrato el derecho de cancelar sus pedidos de crudo mexicano sin que exista penalización. Lo que significaría que Pemex tendría que salir al mercado spot a colocar ese 8 por ciento de sus exportaciones, mientras la refinería texana vuelve a la normalidad. El problema está en que salir a vender apurados obliga a Pemex a malbaratar el precio, con la consecuencia de una baja del precio y un impacto directo a las arcas nacionales. Lo que intentamos debatir aquí, en plena semana de los festejos de la Expropiación Petrolera, es la vulnerabilidad que tenemos sobre nuestra soberanía energética. Importar el 70 por ciento de las gasolinas y del diesel de refinerías norteamericanas nos coloca en una posición demasiado frágil. Para medir lo que le significamos a Estados Unidos en dependencia energética entendamos que 50 de cada 100 litros de gasolinas que exportan los norteamericanos son para México. Somos su mejor negocio. La eventualidad de que una de esas refinerías que nos surten gasolinas sufra un accidente mayor, como el de esta semana en Deer Park, pondría en peligro el suministro de combustibles a México. Volveríamos cualquier día de estos a situaciones de desabasto como las que vivimos durante los días de la lucha contra el huachicoleo. La crisis potencial se eleva, si se considera que por la mala planeación de la paraestatal energética, apenas tenemos capacidad para tres días de almacenaje de combustibles. Si cualquier flujo de quienes nos surten desde el extranjero se suspende parcial o totalmente, el desabasto sería inevitable. Ojalá que el gobierno de la Cuarta Transformación tenga el suficiente talento y los recursos necesarios para desparasitar a México de su dependencia energética. ¿A quién le pertenece una nación que necesita del favor de extranjeros para no paralizarse?