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05 de Marzo del 2019

Calificando a Pemex

La decisión de S&P de rebajar la perspectiva de calificación crediticia de Pemex es, cuando menos, cuestionable. ¿Dónde estaban las calificadoras cuando había que señalar el desfalco y el endeudamiento de administraciones como la de Emilio Lozoya?
En el 2008 el mundo vivió una de sus peores crisis financieras con el colapso de los créditos hipotecarios en los Estados Unidos. Eran los años de la presidencia de Barack Obama cuando la banca norteamericana se cimbró. Y el caso más emblemático fue el de la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de septiembre del 2008. La sacudida fue tan brutal que el Senado norteamericano creó una comisión investigadora para buscar las causas de un crack que casi nadie alertó. Por supuesto que aparecieron reportes maquillados de instituciones financieras, casas de Bolsa, hipotecarias y corredores, que explicaron el por qué sucedió aquello que en su momento nadie vió venir. Pero la Subcomisión Permanente de Investigaciones del Senado puso el dedo en la yaga sobre dos importantes calificadoras de riesgo: Standard and Poor´s y Moody´s. Los legisladores norteamericanos concluyeron que esas calificadoras ayudaron a los grandes bancos a ocultar los riesgos de inversiones que ellos mismos promocionaban, poco antes de que estallara la gran crisis financiera. En concreto, el comité investigador dijo que ambas calificadoras, que recibían importantes pagos de comisiones de los bancos, generaron con sus inadecuadas calificaciones niveles de confianza poco aconsejables para los bonos de alto riesgo. Es decir, ocultaron la verdad. De hecho el senador Carl Levin denunció que con sus altas calificaciones que no merecían, los bancos vendían bonos de alto riesgo maquillados con calificaciones de bajo riesgo. La conclusión de la investigación senatorial fue que se debía de ubicar en las calificadoras buena parte de la culpa de la magnitud de la crisis financiera, porque en su afán de ganar dinero alteraron las calificaciones reales. Viene este preámbulo para poner en contexto la baja de la perspectiva de la calificación crediticia que Standard and Poor´s le aplicó ayer a Pemex, al bajarla de “estable” a “negativa”. Su argumento es que bajó la perspectiva de calificación debido “a un desempeño de la empresa que ha estado por debajo de nuestras expectativas”, con un plan para restaurar los fundamentales crediticios con alcance limitado y a que la empresa enfrenta un volumen de producción muy bajo, de solo 1.62 millones de barriles de crudo diarios a enero del 2019. Y cuando uno escucha esto, de inmediato viene a la mente una pregunta: ¿En dónde estaban hace tres meses los genios calificadores de Standard and Poor´s, cuando concluían los desastrosos años del manejo petrolero del anterior gobierno priista? ¿Acaso alguien se alarmó en Standard and Poor´s cuando en solo tres años la dirección de Pemex a cargo de Emilio Lozoya Austin elevó la deuda de la paraestatal en 40 mil millones de dólares, cuando la extracción de crudo y la producción de gasolinas se desplomaban? ¿Que hizo a Standard and Poor´s sostenerle al gobierno de Peña Nieto esa perspectiva de calificación de “estable” hasta el final, cuando a ojos de todos Pemex exhibía no solo pésimas cifras, sino un descomunal nivel de saqueo y corrupción? Porque en el simplismo popular –el de aquellos que no saben, no entienden, o no les conviene entender- la baja de la perspectiva de calificación a Pemex se la están endosando al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. ¿Alguien en su sano juicio cree que en solo 90 días del nuevo gobierno se podrían liquidar una deuda de 100 mil millones de dólares y revertir la caída de lo que los cuatro sexenios anteriores de gobiernos priistas y panistas no pudieron frenar? ¿Acaso Standard and Poor’s no aprecia en el nuevo gobierno el éxito de la lucha contra el robo de combustibles y el fin de un saqueo que se hacía desde adentro del mismo Pemex? Si algo se le puede reclamar al gobierno de la Cuarta Transformación es la impericia de su equipo en Hacienda para conectar con las calificadoras y venderles lo que quieren escuchar. Y eso sí se hacía con maestría en el pasado. Eran maestros del verbo y del maquillaje. Se vendía el aguacate negro como recién cortado del árbol. Lo que el presidente López Obrador tendría que hacer es solo recoger las palabras del presidente Obama cuando en medio de aquella gran crisis del 2008 implementó medidas financieras drásticas para evitar nuevos descalabros. “Progresamos o caemos como una sola nación”, dijo entonces el presidente norteamericano. Y eso mismo aplica hoy para México.