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12 de Agosto del 2019

Calificadora$

No intentamos desacreditar del todo a las calificadoras sino, como revela The Wall Street Journal, advertir que no son infalibles, que tienen sus muy particulares reglas del juego y que están sujetas al conflicto de interés.
“Las calificadoras de bonos infladas fueron una de las causas de la crisis financiera (en 2008). Una década después hay evidencia que persisten”.   “Los inversionistas también han mostrado escepticismo sobre las calificaciones a algunos bonos corporativos y gubernamentales”   “No confiamos en las calificaciones”   Esas frases que descalifican a las calificadoras de bonos de deuda como Standrard & Poors, Moodys y Fitch Ratings no fueron pronunciadas por el presidente Andrés Manuel López Obrador.   Esas desacreditaciones a las calificadoras son el epicentro de un amplio reportaje publicado el viernes pasado por el diario The Wall Street Journal.   En ese análisis se cuestiona el negocio de las calificadoras de deuda y la manipulación que en ocasiones hacen de los bonos de las empresas a las que califican.   De hecho el “no confiamos en las calificaciones” es una severa declaración de Greg Michaud, director de bienes raíces de Voya Investments Management, un fondo de 21 mil millones de dólares de cartera en bienes inmobiliarios comerciales.   Lo que ya se va haciendo una costumbre en todo el mundo es cuestionar el trabajo de esas calificadoras de deuda que representan un negocio de 7 mil millones de dólares anuales.   El reportaje es muy enfático al decir que las calificadoras operan mas a favor del cliente al que califican -que es el que les paga- que de los tenedores de bonos que usan sus calificaciones para decidir si invierten o no en algún papel.   El Wall Street Journal analizó 30 mil calificaciones en una base de datos con tres millones de millones de dólares de inversiones. Y concluye que existe indulgencia de las calificadoras para operar a favor de quien les paga.   De hecho se advierte que el negocio de las calificadoras está mas que boyante, pues las firmas como Standard & Poors y Moody´s  elevaron ocho veces su valor en el mercado y la semana pasada alcanzaron cifras récord.   Ello a pesar de los severos cuestionamientos que recibieron en la crisis financiera del 2008, cuando ninguna anticipó el colapso que vendría con las hipotecas de vivienda. Muchas de sus calificaciones sobre las grandes inmobiliarias eran muy positivas, aún días antes de la debacle.   Lo que intentamos advertir es que el presidente Andrés Manuel López Obrador podría tener algo de razón al cuestionar a las calificadoras alertando que ni son la Biblia o la última Coca Cola en el desierto.   Y que sus calificaciones pueden estar influencias o sometidas a un conflicto de interés de quien les paga.   Por ejemplo, ¿a quien le harían mas caso esas calificadoras al momento de evaluar la deuda mexicana? ¿Al gobierno mexicano que les paga unos millones por sus servicios o a las decenas de fondos de inversión multimillonarios que son sus clientes triple A y son de quienes reciben mayores ingresos?   ¿Cuánto vale para los fondos de inversión que invierten en México el aprovechar que se degrade la deuda para obligar  a elevar la tasa de intereses en el pago de esa deuda?   ¿Alguna de esas calificadoras lanzó alguna alerta sobre la calificación de Pemex en el sexenio priista de Enrique Peña Nieto, cuando Luis Videgaray y Emilio Lozoya duplicaron la deuda de la paraestatal sin elevar ni producción ni refinación?    ¿Por qué esperaron degradar la deuda mexicana hasta que entró el gobierno de la Cuarta Transformación?   En el fondo el juego de las calificadoras es acabar por manipular el optimismo o sembrar el miedo, para que el valor de una empresa en particular se eleve por los cielos o se desplome y caiga en desgracia. Y eso tiene un tentador precio.   No intentamos desacreditar del todo a las calificadoras sino,   como revela el diario financiero, advertir que no son infalibles, que tienen sus muy particulares reglas del juego y que están sujetas al conflicto de interés.   Nunca vimos a las grandes calificadoras recolectar leña verde para inmolar las cifras de la creciente deuda del gobierno mexicano en los dos anteriores sexenios prianistas.    Se cuadruplicó entre 2006 –Calderón- y 2018 –Peña Nieto. Y México matuvo intacto su grado de inversión.    Apenas tomó las riendas el nuevo gobierno y de súbito todo está mal. ¿Será que a algunas no les estamos pagando lo suficiente o que otros –los grandes tenedores de deuda mexicana- prometen recompensarlas mejor?