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13 de Agosto del 2020

Calderón: a dos fuegos

Mientras el presidente Andrés Manuel López Obrador insiste absurdamente en decir que sometería a consulta pública si se juzga o no a los expresidentes, al menos Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón ya deben de estar contratando abogados. El juicio ya es de oficio.
Dice el viejo proverbio que la venganza es un platillo que se come frío. Y eso lo entiende muy bien el presidente Andrés Manuel López Obrador. Hace 14 años, Felipe Calderón, el entonces candidato presidencial del PAN, hizo las inconfesables alianzas con el PRI anti-Madrazo para frustrar la victoria del candidato del PRD. Y haiga sido como haiga sido, le robaron, en complicidad, la elección al ahora inquilino de Palacio Nacional. Su sexenio fue un desastre, no solo por la fallida y sangrienta guerra contra el narco y la protección a la expansión del Cártel de Sinaloa, sino por la infame herencia de 12 millones de nuevos pobres, a pesar de que el petróleo cotizaba a precios récord de 100 dólares el barril. La corrupción en los sectores energético y en tecnologías para la seguridad, entre otros, fueron dos de los barriles sin fondo en el sexenio calderonista. Y si alguien lo duda, que localicen a Patricia Flores Elizondo, la entonces poderosa asesora del presidente Calderón, quien salió huyendo de Los Pinos en julio del 2010, cargando cajas de peculiares evidencias. Solo por si acaso. Pero el destino es lo que es, y desde los Estados Unidos el primer misil alcanzó a sacudir la mala herencia del calderonismo: la acusación de que su Secretario de Seguridad, Genaro García Luna, fue cómplice y abierto protector de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Calderón no puede darse por sorprendido. Sabía –y sin duda avalaba con su silencio o complicidad- los presuntos arreglos entre su Secretario de Seguridad y el Cártel de Sinaloa. Algunos se lo advertimos con insistencia, en docenas de denuncias y reportajes de portada del sitio digital y del diario Reporte Índigo, cuando García Luna era el todopoderoso de su gabinete. Y cuando en unas semanas más venga el juicio contra su hombre de confianza en los Estados Unidos, sin duda que el nombre del ex presidente panista saldrá a relucir en las comparecencias, con la muy alta posibilidad de que sea llamado a declarar... en Estados Unidos. Esa es la primera línea de fuego. Pero una segunda línea se abre, ahora con la denuncia de Emilio Lozoya Austin ante la Fiscalía General de la República, para poner en duda decisiones muy cuestionables que orillarían a Calderón a sentarse en el banquillo para declarar. Ahora le toca el turno a los arreglos que Odebrecht hizo en su sexenio con la filial Braskem, con la que se negociaron coberturas en los precios del gas en condiciones muy favorables para la empresa y muy desventajosas para el Erario Público. Un Agronitrogenados a plazos. Si Lozoya Austin incluyó en su esperado testimonio el caso Braskem- Odebrecht, por considerarlo irregular, la única opción de la Fiscalía será la de citar a comparecer a los implicados. Es decir, a los entonces directivos de Pemex, a los funcionarios de Hacienda calderonistas y por supuesto al jefe de todos ellos, el entonces presidente Calderón. Y el caso terminará ligando los intereses del gobierno calderonista con el peñista con las componendas y sobornos de Odebrecht, a través de las constructoras Braskem, CITapia, del estado de Hidalgo, e IDESA. Las tres favoritas de uno y de otro sexenio. Al igual que Enrique Peña Nieto, su antecesor Felipe Calderón también terminará judicializado dentro de una investigación en la que hasta hoy se desconocen los alcances y su implicación directa o indirecta. Por ahora, con la denuncia del ex director de Pemex, la Fiscalía tiene en la antesala de investigación a los dos ex presidentes que, en condiciones muy debatidas y cuestionables, despojaron de la presidencia en 2006 y en 2012 a Andrés Manuel López Obrador. Uno acusado de robo en las urnas; el otro, de exceso en los gastos de campaña. Y mientras el inquilino de Palacio Nacional insiste absurdamente en decir que sometería a consulta pública si se juzga o no a los expresidentes, al menos Peña y Calderón ya deben de estar contratando abogados. El juicio ya es de oficio. Lozoya Austin los mandó llamar a la barandilla.