16 de septiembre 2021

3 de septiembre 2021

¡Que alguien me explique!

Caín en la 4T

Cuidado, si algún día, el presidente Andrés Manuel López Obrador se juró que era como su hermano. La posibilidad de que muera -políticamente hablando- por el golpe de la quijada de su ingratitud es muy elevada (en la 4T)

Por Ramón Alberto Garza

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Cuidado, si algún día, el presidente Andrés Manuel López Obrador se juró que era como su hermano. La posibilidad de que muera -políticamente hablando- por el golpe de la quijada de su ingratitud es muy elevada (en la 4T).

Eso quedó en evidencia una vez más ayer, cuando en La Mañanera, el mandatario anunció que aceptaba la renuncia de Julio Scherer, de quien dijo era como su hermano.

¿Cuántos de esos “hermanos” del presidente López Obrador yacen hoy en la orfandad o incluso sepultados en el cementerio, de todos aquellos que hipotecaron su esperanza en la Cuarta Transformación (4T) y acabaron traicionados por un Caín que exige una lealtad que él nunca es capaz de dar?

En el balance de la mitad del camino está claro que, el presidente López Obrador, no conoce el significado de la palabra gratitud.

Si lo conociera, todavía estarían despachando en su gobierno otros de sus “hermanos”, otras figuras como Alfonso Romo, Julio Scherer, Olga Sánchez Cordero, Esteban Moctezuma y Alfonso Durazo, entre otros.

Pero el inquilino de Palacio Nacional, aquel que prometió un gobierno incluyente, un gobierno para todos, ya decidió cerrarse y operar solo con sus incondicionales.

La segunda mitad, estará rodeado de sus súbditos ideológicos, de sus allegados de Tabasco, de aquellos que no le regateen esa visión triunfalista de su realidad inundada de récords históricos, cimentada en “otros datos”. La de sus incondicionales ataviados de verde olivo, la de aquella “mafia del poder” convertida hoy en aliada “institucional” o la de sus “hermanos de abrazos”, los intocables que empuñan sus AK-47.

El anuncio de ayer en La Mañanera, confirmando la salida de Julio Scherer, solo viene a ratificar que López Obrador exige lealtades que él no está dispuesto a dar.

Como consejero jurídico de la Presidencia, Scherer fue desde siempre su carta fuerte para hacerle frente a las negociaciones políticas rudas, a las que exigían plantar cara frente a las amenazas de los adversarios. La mano dura desde el rostro fácil.

Cuando el mandatario designó a Olga Sánchez Cordero como secretaria de Gobernación, le redefinió su posición. Ella sería el rostro amable, la de las causas sociales, los derechos humanos, los desaparecidos, las feministas y todo aquello que exigiera ser abierto e incluyente. Hasta que la cercó para limitarla a buscar a los desaparecidos de Ayotzinapa.

A Scherer se le fueron delegando negociaciones, lo mismo con el Congreso que con la Suprema Corte, los políticos que dominaban desde la Oposición o los empresarios que no acababan de entender que ya no eran los mismos tiempos.

Con Alfonso Romo en el ámbito empresarial y financiero, Olga Sánchez Cordero en el terreno social y Scherer como el político de las grandes negociaciones, atrajeron la confianza de los desconfiados para fabricarle al gobierno de la Cuarta Transformación un campo de maniobra.

En el fondo, sin embargo, el presidente López Obrador actuaba como mejor le parecía. Los consejos de sus consejeros eran oídos, pero no escuchados. Al final del día, él solo tiene oídos para sí mismo.

Lo mismo cancelando el aeropuerto de la Ciudad de México, que impulsando sus costosos caprichos de Dos Bocas y el Tren Maya, cancelando Constellation Brands o dándole marcha atrás a la generación privada de energías.

Y mientras, en privado, se reunía con quienes buscaba como aliados incondicionales para decirles a todos lo que querían escuchar.

En lo público hacía de La Mañanera su púlpito de campaña permanente, a favor de su partido, el patíbulo que rodaran cabezas de los neoliberales, conservadores, empresarios, opositores, periodistas y medios de comunicación e incluso otrora hermanos y ahora “detractores” de sus ideas. ¿Verdad, Gerardo Esquivel?

Cuántas negociaciones de Scherer, Romo, Sánchez Cordero, Moctezuma o Durazo fueron desconocidas, torcidas desde la visión particular de quien -en privado- prometía lo que en público se negaba a cumplir.

Cuántos sapos y culebras debieron tragar los que desde la sensatez buscaban cuadrar los proyectos de la Cuarta Transformación (4T), solo para ser desconocidos, sin previo aviso, por quien -como buen autócrata- siempre tiene la última palabra.

No hay duda que la pandemia y sus efectos económicos vinieron a modificar, de raíz, el proyecto de la Cuarta Transformación (4T). Y su líder esperanzador se radicalizó, se transformó y empuñó la quijada de la ingratitud para hacer a un lado a quienes en conciencia buscaban apoyarlo, pero que desde su óptica le estorbaban.

De esos “hermanos” ya solo sobreviven Marcelo Ebrard, Tatiana Clouthier, Rogelio Ramírez de la O y Víctor Manuel Villalobos.

La espiral política de la radicalización en la que cayó el gobierno de la Cuarta Transformación obligará a estrenar muy pronto los Orfanatos del Bienestar.

Ahí serán depositados, los restos de aquellos “hermanos”, que algún día confiaron en que al lado de su “hermano mayor” harían de México una mejor nación. ¿Alguien se apunta para una beca?

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