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08 de Agosto del 2018

Burócratas del sargazo

El turismo es -junto con las remesas, las exportaciones de petróleo y las de frutas y legumbres- la fuente más importante de generación de divisas para México.

El turismo es -junto con las remesas, las exportaciones de petróleo y las de frutas y legumbres- la fuente más importante de generación de divisas para México.

Y dentro del turismo, Cancún es una joya de la corona de clase mundial, tan identificado y apreciado que este año recibirá 18 millones de visitantes que dejarán cerca de 9 mil millones de dólares en derrama económica.

Conectado con 20 aeropuertos nacionales y con casi un centenar de aeropuertos extranjeros, este año el aeropuerto  que sirve a Cancún y la Rivera Maya ya superó en tráfico aéreo al de la Ciudad de México.

Por eso sorprende la pasividad con la que las autoridades federales y estatales están enfrentando la crisis del sargazo en las playas de Quintana Roo.

Para los que no tengan antecedentes, el sargazo es la acumulación de algas marinas muertas, que como plaga terminan acumuladas en lo que se consideran las mejores playas mexicanas.

Desde hace meses, Cancún vive el drama de que los millones de turistas caminan ya no entre diáfanas y cálidas arenas, sino entre basura marina tóxica, fétida, generadora de bichos, que hace imposible el disfrute de las hermosas aguas color turquesa.

Miles y miles de toneladas de sargazo son levantadas cada semana de esas playas, solo para recibir de inmediato la oleada oscura y pestilente, que termina por crear un ciclo de nunca acabar.

Pero mas allá de los reportajes de medios de comunicación nacionales y extranjeros sobre el fenómeno que comienza a lesionar la buena estrella de Cancún, poca inteligencia y creatividad se ve en las autoridades para ponerle fin al problema.

Sencillo sería frenar el sargazo en altamar, adquiriendo o rentando barcazas que diariamente lo levantaran mar adentro, antes de que las olas lo depositaran en las playas.La economía de esas costas da para eso y mas.

Pero ni la Secretaría de Turismo ni el gobierno del estado de Quintana Roo se ven lo suficientemente preocupados, ni actuando con la seriedad que la grave plaga amerita.

Cuántos años fueron necesarios para edificar la excelente reputación de Cancún como uno de los mejores destinos turísticos del mundo, para que se dilapide en meses por una burocracia incompetente que no ve el alcance del daño en el muy corto plazo.

Vayan y pregúntele a los hoteleros, a los prestadores de servicios, al gremio restaurantero de la costa de oro mexicana, para que escuchen sus lamentos.

Pero la apatía por cuidar a este generador de divisas no es excluyente del turismo. Nos pasó lo mismo con el mal manejo del petróleo y el peor manejo de las insuficientes refinerías.

Y si no cuidamos esos dos sectores mega relevantes para importar dólares, dos tesoros naturales, ¿qué esperamos del resto de la economía?

Por fortuna el grueso de los agricultores operan por cuenta propia, colocando sus legumbres, frutas y vegetales al margen de la burocracia que solo presume sus cifras como si fueran propias.

Pero lo que es todavía peor, que pareciera que en este impass de la transición del gobierno federal todos están paralizados.

Los que todavía no se van dicen: “que arreé el que viene”. Y los que están por entrar, todavía no tienen la autoridad o el mandato para decidir, menos para operar.

Ya mediremos en la próxima temporada alta del turismo de Cancún el verdadero daño del sargazo.

 Los turistas que aterrizan hoy en Cancún son los que pagaron su paquete vacacional hace meses, antes de enterarse que vendrían a nadar entre putrefactos desechos marinos.