FACEBOOK

VISTAS
07 de Abril del 2020

Boris, Trump, Jair y AMLO

¿Podrá el mandatario mexicano verse en el espejo de quienes, como él, no escucharon a tiempo el drama que se les venía y hoy están postrados o marginados, pagando muy caro el precio de hablar mucho y escuchar muy poco? Vamos tarde.
El que juega con fuego termina quemado, dice el refrán. Y eso es lo que parece estar sucediendo con los jefes de Estado que jugaron al “aquí no pasa nada” con la pandemia del Coronavirus. Para nadie es un secreto que esos mandatarios son cuatro. Boris Johnson, de Reino Unido; Donald Trump, de los Estados Unidos; Jair Bolsonaro, de Brasil; y Andrés Manuel López Obrador, de México. Los cuatro tiene como común denominador el minimizar en sus inicios el enorme riesgo de la pandemia, el desdeñar cuidados para evitar el contagio y no acelerar las medidas de aislamiento de la población. Y hoy cada uno paga su elevado precio. Uno debatiéndose entre la vida y la muerte, otro con una epidemia fuera de control, uno más enfrentando un golpe de Estado sanitario y otro nadando a contracorriente y confrontando al empresariado de su país.    BORIS EN CUIDADOS INTENSIVOS Contagiado por el virus, Boris Johnson ingresó all hospital y ayer pasó a cuidados intensivos. El primer ministro inglés se debate ente la vida y la muerte.  Una y otra vez minimizó la emergencia e impuso su política de dejar hacer, dejar pasar. Nada de aislar al Reino Unido. Nada de hacer pruebas masivas. La opinión pública, aún sus medios de comunicación afines, lo criticaron rabiosamente y acabaron por condenar su irresponsabilidad. Hoy, instalado en cuidados intensivos, es la mejor imagen de la negligencia política en el Reino Unido.   EL MÁS PODEROSO, DE RODILLAS Donald Trump es egocéntrico, petulante, altanero, sabelotodo. Desde diciembre, minimizó la pandemia y perdió dos valiosos meses para implementar a tiempo la contingencia. Y cuando hace un mes se dio cuenta del drama,  ya era demasiado tarde. Estados Unidos ya desplazó a China, Italia y España como el epicentro mundial de la pandemia. Y Nueva York es la capital global de los contagios y de las muertes. Hasta ayer, un neoyorkino moría de Coronavirus cada 2.5 minutos. Y a pesar de ver la tempestad, Trump no se hinca. Descalifica e ignora, una y otra vez, a su epidemiólogo Antoni Fauci. Trump tiene otros datos. Se siente supremo. Quiere levantar ya la cuarentena y, sin estar aprobados, recomienda medicamentos para curar el virus, a pesar de que sus científicos lo desacreditan. Además, está en disputa abierta con media docena de gobernadores que le exigen más ayuda. Solo su plan económico de apoyo a empresas y contribuyentes lo salva de una condena generalizada. Pero si no encuentra la receta para contener tardíamente el contagio, su reelección de noviembre peligra.   MILITARES CONTRA BOLSONARO El presidente derechista de Brasil, Jair Bolsonaro, siempre catalogó al Coronavirus como “un mísero resfriado” y se resistió a decretar la cuarentena. Y a contrapelo del mundo, minimizó la pandemia en un país con 209 millones de habitantes, muchos de ellos viviendo en pobreza en miserables favelas. Con 4 mil 466 contagios y 260 muertos, los brasileños liderean hoy la epidemia en América Latina. Y las irresponsables políticas de Bolsonaro frente a la crisis lo tienen contra la pared. El fin de semana, los altos mandos de las Fuerzas Armadas habrían designado al General Braga Netto como jefe del Estado Mayor del Gobierno y coordinador de las acciones del gobierno frente a la pandemia. Hará lo que tenga que hacer, aunque el presidente se oponga. Los informes advierten que Brasil atraviesa un “golpe de Estado blando” contra el presidente, que incluye la alianza entre fuerzas armadas, fuerzas sanitarias, el Congreso y el Senado. Juntos le habrían arrebatado a Bolsonaro el control sobre la emergencia. Y la indignación popular crece entre los brasileños, que aunque todavía apoyan a su presidente, lo califican como superficial e incapaz de sacar la casta frente a la emergencia histórica.   LÓPEZ OBRADOR, EL CÍCLICO Es público y notorio. El Coronavirus y el presidente Andrés Manuel López Obrador no hacen química.  El virus exige distanciamiento social, higiene extrema e incluso cuarentena, y una buena dosis de estrategia para combatirlo. El mandatario mexicano reparte abrazos, continúa en giras, dice que es una “crisis transitoria” y rechaza apoyar a empresarios y contribuyentes a enfrentar los efectos de la pandemia. Su discurso es el de siempre. Su resistencia a aplicar medidas económicas contra cíclicas para atenuar el drama lo instalan como el único mandatario del mundo que todavía hoy navega como si la tormenta no existiera. Pero a diferencia de Johnson, Trump y Bolsonaro, el presidente López Obrador todavía está a tres semanas de los peores días de la emergencia para México. ¿Podrá el mandatario mexicano verse en el espejo de quienes, como él, no escucharon a tiempo el drama que se les venía y hoy están postrados o marginados, pagando muy caro el precio de hablar mucho y escuchar muy poco? Vamos tarde.