16 de mayo 2021

19 de marzo 2021

¡Que alguien me explique!

Biden: dos guerras

Con el presidente ruso Vladimir Putin instalado ya en el calificativo de “asesino” divisor de los norteamericanos y con el mandatario chino Xi Jinping fondeando con dineros públicos la nueva dominancia tecnológica global para desplazar a los EU, el presidente Biden enfrenta -al arrancar su gobierno- dos guerras en puerta

Por Ramón Alberto Garza

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Algo muy serio debe estarse gestando dentro del gobierno de los Estados Unidos para que el presidente Joe Biden declare abiertamente -en televisión- que cree que el presidente ruso Vladimir Putin es un asesino.

Peor aún, que el mandatario norteamericano advierta en su entrevista al periodista George Stephanopoulos que Putin deberá pagar su precio, al confirmarse que autorizó operaciones durante las elecciones de los Estados Unidos para apoyar a Trump y dividir a la sociedad.

“-¿Conoce a Vladimir Putin, piensa que es un asesino? Sí, eso pienso.

-Entonces, ¿qué precio debe pagar? El precio que va a pagar lo verás pronto”

El calificativo sobre Putin, quien siempre dominó en su relación sobre su homólogo Donald Trump, no solo es sorprendente, sino alarmante.

Y su pronunciamiento de que el mandatario ruso tendrá que pagar un precio entra en la frontera de la amenaza abierta: asesino, prepárate para rendir cuentas por tu intromisión en los asuntos internos de los Estados Unidos.

Las declaraciones del presidente Biden cimbraron al establishment norteamericano, que las interpretó como un cambio de 180 grados sobre el trato casi de mejor aliado con el que Trump solía privilegiar a Rusia y a su líder.

Se dijo entonces, que Putin tenía a Trump secuestrado con videos comprometedores, que le tenía oscuros expedientes de sus negocios con empresas rusas e incluso que esa “amistad” era una forma en la que Trump le pagaba al premier ruso sus favores de intervenir para bloquear a Hillary Clinton en la elección presidencial del 2016.

El hecho hoy es que esa era de condescendencia de Estados Unidos con Rusia parece haber terminado, y muy abruptamente. La entrevista con Stephanopoulos solo fue el pretexto para abrir el espacio y anticipar la confrontación que se avecina.

¿De qué tamaño es el precio que debe de pagar un líder calificado de “asesino” y acusado de entrometerse en el sistema político-electoral norteamericano, hasta lograr el extremo de dividirlo y radicalizar posiciones?

Después de esta entrevista, la respuesta tendrá que conocerse muy pronto, porque nadie duda que en el Kremlin se vayan a quedar con los brazos cruzados.

Ya la primera advertencia vino de regreso. Putin le mandó un claro mensaje a Biden: mantente saludable.

“En cuanto a las declaraciones de mi colega estadounidense, como él dijo, nos conocemos personalmente. ¿Qué le respondería yo? Le diría: te deseo buena salud. Lo digo sin ninguna ironía ni broma”.

La respuesta de Putin fue interpretada como un “cuida tu salud, Biden, porque ya estás viejo”. Incluso, los adversarios del líder ruso no dejaron pasar la advertencia como una velada amenaza.

Lo único cierto hoy es que la relación entre Estados Unidos y Rusia se modifica aceleradamente. Y eso puede obligar a una realineación geopolítica en la que entrarían en juego los intereses de China, Corea del Norte, la India y la Comunidad Europea.

Pero a la confrontación con Rusia se suma otro desafío para Estados Unidos, que podría culminar con otra guerra, esta de tipo económico y de impensables repercusiones políticas.

Es el desafío de China, que aprovechando la distracción del gobierno norteamericano con la crisis de la pandemia y sus repercusiones económicas, está redoblando esfuerzos para dominar todavía más sectores estratégicos, que definirán la supremacía en la próxima década.

Tomen como ejemplo el debate de los semiconductores, tecnología de punta indispensable en la fabricación desde teléfonos inteligentes hasta automóviles con avanzadas tecnologías que hoy dominan el mercado.

El principal productor de esos semiconductores es Taiwán, un asiento libre que desde hace algunos años se ve amenazado por la urgencia de ser controlado políticamente por Beijing.

Quizá por ello dos poderosos senadores, el demócrata Chuck Schumer -líder de la mayoría- y el republicano Todd Young, están impulsando una legislación bajo el nombre de Endless Frontier Act.

Esa propuesta busca que el gobierno de los Estados Unidos le inyecte miles de millones de dólares al desarrollo de tecnologías de punta para el avance de la inteligencia artificial y la manufactura avanzada.

Saben que el gobierno chino ve desde esos semiconductores hasta las nuevas tecnologías del 5G para la telefonía inteligente y el internet de las cosas, dos de sus armas para imponer su dominancia tecnológica mundial.

No en balde el secretario de Estado, Antony Blinken, calificó en días pasados a China como “la mayor prueba geopolítica del Siglo Veintiuno”.

Con el presidente ruso Vladimir Putin instalado ya en el calificativo de “asesino” divisor de los norteamericanos y con el mandatario chino Xi Jinping fondeando con dineros públicos la nueva dominancia tecnológica global para desplazar a los Estados Unidos, el presidente Biden enfrenta -al arrancar su gobierno- dos guerras en puerta.

No duden que los meses que se avecinan en el triángulo Estados Unidos-Rusia-China serán de días de trueno, en donde las tensiones crecerán, alimentadas por la ambición de cada nación para ser el epicentro geopolítico y económico del planeta.

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