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18 de Enero del 2019

No bajen la Guardia

Es un crimen paralizar la Guardia Nacional, cuando enfrentamos al huachicol, confesiones de capos en NY y el reacomodo de cárteles que disputan territorios
En medio de un duro debate con posiciones diametralmente opuestas, incluso entre militantes de Morena, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó la Guardia Nacional. Acabó en un híbrido entre militar y civil, con mandos castrenses y nómina de cuello blanco, que tendrá que terminar de definirse conforme se vaya gestando. Por supuesto que existen lagunas por aclarar, pero también es cierto que cualquier cosa es mejor que aceptar el vacío de seguridad heredado por los últimos dos gobiernos que engendraron un creciente clima de violencia. Los mas acérrimos críticos del dictamen aprobado fueron los desmemoriados panistas, quienes olvidaron que sus presidentes azules fracasaron estrepitosamente en su intento por crear un cuerpo de seguridad efectivo. El gobierno de Vicente Fox le dio a Genaro García Luna todo el respaldo para crear su Agencia Federal de Investigaciones, (AFI), que terminó en un rotundo fracaso. Y el policía fracasado fue premiado en un segundo sexenio consecutivo por el presidente Felipe Calderón con toda la confianza para crear la Policía Federal Preventiva, (PFP), bajo cuya debacle el país se tiñó de sangre. Vino después el sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, en el que desapareció la secretaría de Seguridad Pública, para concentrar todo el poder en la secretaría de Gobernación. Otro estrepitoso fracaso que acabó con más muertos que los que heredó Calderón. Por eso es injusto que tirios y troyanos boicoteen el intento del nuevo gobierno de crear una nueva alternativa para ver si -ahora sí- se contiene el tsunami rojo que nos ubica como una vergüenza mundial en materia de seguridad. En medio del muy entendible debate y de todas las muy respetables opiniones, ejercido el voto que aprobó la Guardia Nacional y cuando se cumpla el obligado trámite de su ratificación en el Senado, habrá que darle un voto de confianza al presidente Andrés Manuel López Obrador y a su secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo. Que se les deje operar con el beneficio de la duda, como en su momento ocurrió con la AFI, la PFP y Gobernación, confiando en que por fin el modelo de combate a la delincuencia rinda frutos para someter al México criminal. Si los gobiernos del PRI y del PAN ya tuvieron su oportunidad sobrada y fracasaron, dejen que el gobierno de la Cuarta Transformación haga su apuesta y afine en el camino de lo que hoy les parece imperfecto. Enfoquen sus energías a ver dónde está lo perfectible. Es un crimen paralizar una apuesta de mejora en seguridad, cuando enfrentamos la guerra del huachicol, las confesiones de los capos revelando las grandes alianzas políticas en las cortes de Nueva York y los cárteles disputando territorios para reacomodarse bajo la nueva realidad política. Por supuesto que en medio del gran debate confunde la alianza Primor, la que gestaron el PRI y Morena para lograr la mayoría legislativa que aprobara la Guardia Nacional. Sobre todo cuando el presidente López Obrador dibuja al PRI como el génesis de todos los males nacionales y que el coordinador tricolor en el Senado –Miguel Angel Osorio Chong- fue el responsable de la fallida estrategia de seguridad de un sexenio que terminó apenas hace seis semanas. ¿Hoy son la salvación? Si existieron acuerdos en lo oscurito entre priistas y morenistas quedarán exhibidos cuando el nuevo gobierno enfrente –o no- los casos de Odebrecht, Higa, OHL y las alianzas inconfesables con los carteles emergentes que desplazaron al extraditado Chapo. Ahora lo urgente es que del dicho del dictamen al hecho de concretar la Guardia Nacional, no sea mucho el trecho. En México tenemos que frenar el baño de sangre que está por cumplir su primera década. No bajemos la Guardia.