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28 de Septiembre del 2020

Ayotzinapa Verde Olivo

Andrés Manuel López Obrador está llevando el caso Ayotzinapa hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta la investigación de las Fuerzas Armadas. La pregunta no es si el presidente está haciendo lo correcto –que lo está- sino de qué tamaño serán las resistencias de vulnerar el intocable color verde olivo.
En un acto poco usual para un jefe del Ejército Mexicano, el 6 de octubre del 2015 el General Salvador Cienfuegos le concedió una entrevista a Noticieros Televisa. El entonces secretario de la Defensa en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se vio obligado a salir a dar la cara, para desmentir la presunta participación de militares en la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Tres hechos enrarecían en ese momento el ambiente, en el que instalaban al Ejército mexicano en el epicentro de los hechos ocurridos aquella noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre del 2014. Uno, las declaraciones de José Félix Rosas Rodríguez, de la Unión de Pueblos Originarios del Estado de Guerrero, quien denunciaba que eran militares los que desaparecieron a los normalistas presuntamente incinerados en un basurero de Cocula. Exigía que se revisaran los hornos crematorios que el Ejército tenía en Chilpancingo. Dos, las revelaciones de que uno de los normalistas desaparecidos, Julio César López Patolzin, era militar en activo e informante de la Secretaría de la Defensa. Se acusaba que desde su iPhone reportaba diariamente lo que sucedía en Ayotzinapa a la Mesa de Inteligencia del Batallón 50. Y tres, la petición de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que recomendaba interrogar a los integrantes del 27 Batallón del Ejército adscrito a Iguala. Las presiones sobre la Secretaría de la Defensa obligaron al general Cienfuegos a salir a dar una entrevista para poner el pecho en defensa de sus hombres, justificando el porqué no permitía que fueran interrogados ni cuestionados en su quehacer. “No me queda claro, ni puedo permitir que interroguen a mis soldados que no cometieron hasta ahorita ningún delito. ¿Qué quieren saber? ¿Qué sabían los soldados?... Está todo declarado. Yo no puedo permitir que a los soldados los traten como criminales”, dijo Cienfuegos en la entrevista con Televisa. Y para sofocar las exigencias de que se revisaran las instalaciones militares en Iguala y Chilpancingo, ante la presunción de que los normalistas fueron llevados ahí para ser desaparecidos, el general Cienfuegos fue contundente. “¿Cuál es la razón o el pretexto de querer ingresar a los cuarteles? ¿Ingresar a las instalaciones militares?, a ver, ¿por qué?”, agregó. Viene esta recapitulación histórica, porque en la conmemoración del sexto año de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció –contrario a lo que presumía en aquella entrevista el general Cienfuegos- que la Fiscalía General de la Nación va por militares presuntamente involucrados. “Se han otorgado órdenes de aprehensión contra militares, que se van a ejecutar. Cero impunidad. El que haya participado y se le demuestre va a ser juzgado. Ese es un avance. El que no exista encubrimiento”, declaró el presidente López Obrador. El anuncio presidencial es un quiebre en un México en donde históricamente las Fuerzas Armadas –a la par de la Virgen de Guadalupe- solían ser un ente intocable e incuestionable. Y el inquilino de Palacio Nacional lo sabe. Conoce los riesgos de trastocar la regla no escrita de ese fuero no escrito para el Ejército. Tanto que el mandatario acusó recibo de esas resistencias. “Hay desde luego resistencia, porque todavía no termina de irse el viejo régimen corrupto y autoritario”, agregó López Obrador. El caso de Ayotzinapa le costó el cese y su libertad al alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y a su esposa, María de los Angeles Pineda. También en su momento le costó la renuncia al entonces gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre. Hasta el sábado se mantenía el manto protector de intocabilidad para los militares que presuntamente habrían estado involucrados. Si en los próximos días se ejecutan esas anunciadas órdenes de aprehensión contra militares y se revelan los presuntos motivos de sus ilícitos, estaremos asistiendo a un momento histórico. La pregunta no es si el presidente López Obrador está haciendo lo correcto –que lo está- sino de que tamaño serán las resistencias de vulnerar el intocable color verde olivo. Y más significativo aún, cómo se manifestarán los que resistan. Los del viejo régimen corrupto y autoritario. Habrá que estar alertas.