29 de mayo 2022

10 de mayo 2021

¡Que alguien me explique!

Atocha, el Metro, Aznar y AMLO

Si el presidente López Obrador insiste en esconder el rostro frente a la tragedia, minimizándola, o lo que sería todavía peor, protegiendo a sus dos delfines rumbo a la sucesión presidencial, podría estar tentando al destino

Por Ramón Alberto Garza

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Corría el 11 de marzo del 2004 y en España se vivió un sangriento atentado terrorista en la estación de Atocha, que dejó un saldo de 190 personas muertas.

La tragedia se produjo tres días antes de que los españoles acudieran a las urnas para renovar su parlamento y su gobierno, en esos días, dominado por el Partido Popular.

Pero el presidente José María Aznar, con un enorme respaldo tanto para él como para su partido, resbaló en el manejo del atentado.

Le urgía tener un culpable y lo encontró -sin concluir las investigaciones- en la organización terrorista ETA. Era la salida más conveniente para alejar a los ciudadanos del voto al Partido Socialista Obrero Español, el PSOE, de corte izquierdista.

Pero una cadena de tropiezos y mentiras intencionales, evidenciaron una manipulación político-electoral de Aznar y del gobierno del Partido Popular.

Quisieron acomodar los hechos, sacar de entre los culpables a Al Qaeda. Convenía más que los asesinos fueran de la ETA para que los favorecieran en las urnas y en perjuicio de la izquierda. Los españoles no compraron el cuento.

Se calcula que, entre un millón y medio y dos millones de electores, le retiraron su apoyo al Partido Popular y le dieron su voto al PSOE. Y frente al aparato de la mentira -exhibido en una serie de investigaciones de The New York Times– el socialista José Luis Rodríguez Zapatero y su partido el PSOE, a quienes 72 horas antes le daban nulas posibilidades de triunfo, desplazaron del poder a Aznar y al Partido Popular.

Los titulares del lunes post-elección fueron demoledores. “El precio de la mentira”, tituló el diario francés Liberation. Y Le Monde, exhibiendo a Aznar con nariz de Pinocho, tituló “España castiga la mentira del Estado”. The Guardian publicó: “Votantes furiosos exigieron la verdad”.

Viene esta reconstrucción histórica frente al papel que el presidente Andrés Manuel López Obrador, y su gobierno de la Cuarta Transformación, están jugando de cara a la tragedia de la Línea 12 del Metro y que deja hasta ahora 26 muertos y 79 heridos.

No es para menos. La verdad es demoledora para el presidente y para su partido.

Una obra construida por el gobierno capitalino que presidió su ahora Canciller, Marcelo Ebrard, en donde se dan presuntos actos de corrupción atribuidos al entonces secretario de Finanzas, Mario Delgado, hoy líder de Morena, y que pasan por la falta de mantenimiento en el gobierno, también morenista, de Claudia Sheinbaum.

Aquí no hay sorpresas. Desde su construcción se denunciaron las irregularidades, las fallas en su construcción. Tantas, que fue necesario parar la llamada Línea Dorada durante más de un año para corregir los desperfectos. Pero ni así se evitó la tragedia que se anticipaba.

Y no hay forma de voltear al pasado para buscar culpables neoliberales, conservadores o fifís. Desde 1997 que la ciudad de México es gobernada por la izquierda. Por el PRD y por Morena.

Por eso, el presidente López Obrador esconde como avestruz su rostro frente al drama de corrupción y negligencia. Por eso se muestra ausente de empatía para ir a visitar a las víctimas, para darle el pésame de rigor a los deudos.

Su salida sencilla es la de buscar distraer la atención fabricando dos confrontaciones.

Una, con los Estados Unidos, acusando a US AID de financiar a sus opositores, como Mexicanos Unidos contra la Corrupción y la Impunidad, y acusar al gobierno norteamericano de operar en su contra.

Y dos, desafiando al Instituto Nacional Electoral, violentando flagrantemente, violentando sin pudor en sus conferencias Mañaneras la veda electoral para atacar durante tres días consecutivos al candidato a gobernador del PRI en Nuevo León, Adrián de la Garza.

Que se hable de lo que sea, menos de la Línea 12 construida con pobres estándares por la corporación Carso, la del empresario Carlos Slim, identificado por el candidato López Obrador como líder de la que él mismo bautizó como Mafia del Poder y hoy, ya como presidente, uno de sus aliados incondicionales, su constructor favorito en el Tren Maya.

Sentar en el banquillo a Ebrard, Delgado, Sheinbaum y Slim, a un mes de las elecciones que definirán si Morena conserva o no el control del Congreso, y por ende, el destino político rumbo al 2024, es un peligro para el gobierno de la Cuarta Transformación.

Si el presidente López Obrador insiste en esconder el rostro frente a la tragedia, minimizándola, o lo que sería todavía peor, protegiendo a sus dos delfines rumbo a la sucesión presidencial, podría estar tentando al destino. Como lo hizo José María Aznar, a tres días del atentado en el Metro de Madrid.

El inquilino de Palacio Nacional tiene muy pocas horas para demostrar si decide ignorar la corrupción y la negligencia en la tragedia de la Línea 12 o si enfrenta, con todas sus consecuencias, una realidad que difícilmente se puede esconder.

La reacción en España, aquel domingo de las votaciones post-Atocha, que sacaron al Partido Popular del gobierno fueron las de un electorado que salió a votar como nunca para repudiar a un gobierno mentiroso. El 77 por ciento de los electores posibles fueron a las urnas.

Los mexicanos tendremos, en ese voto del próximo 6 de junio, la misma fuerza que aquellos españoles que repudiaron la mentira y que condenaron el uso político de la tragedia. Un voto honesto tiene más peso en el futuro que mil engañosas Mañaneras.

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