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20 de Junio del 2018

Se apaga El Cerillo

Ricardo Anaya vive hoy sus peores días en la contienda presidencial 2018.

Ricardo Anaya vive hoy sus peores días en la contienda presidencial 2018. El fuego de El Cerillo parece apagarse lentamente.

Sus poderosos y alguna vez afines gobernadores panistas le están desertando. En su círculo íntimo de campaña ya abundan los desencuentros y las disidencias. Y algunos de sus más prominentes patrocinadores financieros ya le retiraron sus chequeras.

El candidato de Por México al Frente se le están revirtiendo la siembra de desencuentros, confrontaciones y traiciones que en sus mejores días lo encumbraron en la presidencia del PAN y lo impusieron como candidato presidencial 2018.

Para muestra ahí está la estampida de gobernadores panistas que ya le dieron la espalda al Joven Maravilla. Algunos ya están con José Antonio Meade; otros esperan rescatar el PAN.

Carlos Mendoza, de Baja California Sur; Martín Orozco, de Aguascalientes, y José Rosas Aispuro, de Durango, ya renegaron del Frente. Casi todos proponen que a partir del primero de julio se de la refundación del PAN.

Son los gobernadores panistas que se dieron cuenta que se privilegió la construcción de una candidatura en lugar de un proyecto de Nación. Y que desde lo que consideran una imposición de Anaya, el PAN se desconectó de la sociedad y ahora paga sus consecuencias.

Son los que al igual que Vicente Fox, Felipe Calderón y Margarita Zavala,pero desde trincheras y ambiciones distintas, buscan quedarse con los restos del PAN tras la elección presidencial, para reconstruirlo.

El común denominador de todos los desertores es que ven ya sin posibilidades a un Ricardo Anaya,  acorralado entre las acusaciones por lavado de dinero en el Caso Barreiro y su confrontación abierta, directa, con el presidente Enrique Peña Nieto.

Y ese discurso de golpeteo y amenaza, en un intento fallido por posicionarse como el candidato anti-corrupción, le alejó a algunos de los poderosos empresarios que lo patrocinaban y que ahora le retiran sus recursos, convencidos de que no cumple su palabra.

Quizás por eso en el war room de su campaña, personajes tan cercanos e influyentes cuestionan ya si vale la pena continuar impulsando el proyecto político del Joven Maravilla.

O si por el contrario, se dedican los últimos días de la campaña a persuadir a Anaya de que desista, al considerar que está inhabilitado para hablar de corrupción desde sus acusaciones como presunto lavador de dinero.

Y que el hacerse a un lado, propicie que el choque final del primero de julio sea entre dos bloques los lopezobradoristas y los anti-lopezobradoristas.

Con José Antonio Meade al frente, por ser el menos cuestionado en lo personal, el bloque único opositor al candidato de Morena cerraría filas,buscando que el factor de indecisos hiciera lo suyo no solo para remontar, sino incluso tener posibilidades de ganar la carrera por Los Pinos.

En distintos frentes se teje fino para hacerle ver a Anaya que bajo la estampida de gobernadores, empresarios y algunos personajes clave de su círculo íntimo, sus posibilidades de alcanzar la silla presidencial se evaporan.

Y que su mejor aportación será la de dejar de ser, aunque sea por una ocasión, en el centro de sus ambiciones personales, para darle paso a un consenso que al menos tenga una posibilidad de medirse en condiciones más parejas con el puntero López Obrador.

La operación es a contrarreloj, con las horas contadas, sin tiempo que perder. El Cerillo tendrá la última palabra. Intentar mantener su llama viva o apagarse.