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05 de Junio del 2019

Alerta Morena

A pesar de que ganó Puebla y Baja California, Morena enfrenta un estado de alerta por los resultados de la elección del domingo. Comparado con el 2018, cedió terreno en todas las entidades en las que participó. Si la tendencia se mantiene, se augura una debacle en la contienda intermedia de 2021, que ha sido la antesala para la debacle de gobiernos anteriores
Podríamos estar ante una victoria pírrica. Un triunfo con olor a derrota. No hay otra manera de calificar para Morena los resultados electorales del domingo pasado en Puebla, Baja California, Tamaulipas, Aguascalientes, Quintana Roo y Durango. Porque aunque los titulares hablen de que el partido en el poder se hizo de la gubernaturas de Puebla y Baja California, tradicionales bastiones panistas, una revisión seria de los números despierta serias alertas rojas. La primera reflexión es que Morena, en solitario, no habría podido derrotar al PAN en Puebla. Solo en alianza con el PT y con el Partido Verde pudo remontar el dominio azul, heredado del desaparecido Rafael Moreno Valle. En el 2018, Morena logró el 56.9 por ciento de los votos en Puebla. El domingo pasado descendió 12 puntos, a 44.38 por ciento. Mientras el PAN subió del 20.05 por ciento en 2018 a 33.61 por ciento el domingo pasado. En la presidencial del 2018, Morena logró en Baja California el 63.88 por ciento de los votos. Pero el domingo pasado apenas logró el 49.93 por ciento. Cayó 14 puntos, mientras que el PAN avanzó marginalmente de 19.15 por ciento a 23.59 por ciento. En Tamaulipas, Morena consiguió el 48.06 por ciento de la votación en el 2018. Once meses después, el domingo pasado, se desplomó más de 20 puntos, al caer a 28.01 por ciento. En contraparte, el PAN subió de 29.05 por ciento en 2018 a 47.42 por ciento el domingo pasado. Se invirtieron las preferencias. En Quintana Roo, el desplome fue similar. Del 67.12 por ciento de los votos logrados en 2018, se cayó 33 puntos para alcanzar apenas 34.61 por ciento el domingo pasado. El PAN logró elevar 10 puntos sus preferencias, al pasar de 15.9 por ciento al 25.42 por ciento. Y en Aguascalientes, el PAN se defendió y vivió el mejor repunte. Los votos de Morena, que en el 2018 alcanzaron 47.88 por ciento, se desplomaron a 24 por ciento el domingo pasado. Y el PAN, que tenía 32.49 por ciento en el 2018, se catapultó al 50.33 por ciento. Los barrió. El caso más dramático es el de Durango, en donde Morena logró el año pasado 44.26 por ciento de los votos y el domingo pasado ni al 10 por ciento llegó. Apenas 8.98 por ciento. El PAN repuntó del 29.31 por ciento al 36.38 por ciento entre un año y otro. Lo que estos resultados revelan, con menos de un año de diferencia, es una de dos posibilidades. Uno, que el brillo del candidato Andrés Manuel López Obrador ya no se refleja igual con el del presidente Andrés Manuel López Obrador. Y ese desgaste se exhibe en las urnas. O dos, que el trabajo de la dirigencia de Morena en los once meses desde que ganó la presidencia no fue suficiente y eso ya se reflejó en los resultados electorales del domingo pasado. Quizás por ello desde algunas esquinas del partido en el poder se demanda el relevo de Yeickol Polevnsky, para darle entrada a Bertha Luján como la nueva dirigente de Morena. Y aunque de dientes para afuera en el gobierno morenista se niegue el conflicto, el presidente López Obrador sabe muy bien que las facturas de un mal gobierno o de un mal partido se le cobrarán en la elección intermedia del 2021. Nadie debe olvidar lo que le sucedió en 1997 al PRI de Ernesto Zedillo, o en el 2003 al PAN de Vicente Fox y ni se diga en el 2009 al PAN de Felipe Calderón. En la intermedia perdieron el control del Congreso. Y eso fue la antesala de la debacle electoral con la que Zedillo cedió a Fox el poder o Calderón pasó la estafeta a Peña Nieto. No hay que olvidarlo, porque es tendencia. La revisión es obligada frente a lo que le sucedió a Morena en las urnas el domingo pasado. Al final del día hay que recordar que la historia tiene memoria.