21 de mayo 2022

1 de abril 2022

¡Que alguien me explique!

Al diablo con todo

Ya nada es sorpresa. La consigna del presidente Andrés Manuel López Obrador no solo es la de “Al diablo con las instituciones”, sino la de “Al diablo con todo”

Por Ramón Alberto Garza

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Ya nada es sorpresa. La consigna del presidente Andrés Manuel López Obrador no solo es la de “Al diablo con las instituciones”, sino la de “Al diablo con todo”.

Lo hizo desde la cancelación del aeropuerto de Texcoco, pasando por el Seguro Popular, las guarderías, las escuelas de tiempo completo.

Desaparecieron los fideicomisos, ya vimos la estela de inmundicia que va dejando la primera Fiscalía Independente.

Y ahora sus baterías al Instituto Nacional Electoral, teniendo pendiente en el camino la de desaparecer o entrar en control directo de los organismos que manejan los energéticos y la competitividad.

Por desgracia, nada de lo que ha surgido como alternativa a lo que se destruye ni es igual, mucho menos mejor a lo que nace.

Ni el aeropuerto Felipe Ángeles, ni el INSABI, ni el Banco del Bienestar, ni la Guardia Nacional, ni la reforma a la Ley Energética, son mejores propuestas a lo que se desechó. De las guarderías o las escuelas ni hablamos. Un castigo sin fecha de caducidad para las madres que trabajan.

Pero lo que ya se evidenció en la narrativa presidencial es la urgencia de que el INE cambie. Así no le es funcional ni al Gobierno de la 4T ni a Morena. Y menos rumbo al 2024.

Por eso la trampa de la consulta para la Revocación de Mandato. Una excelente idea planteada por el presidente, pero que a la hora de la verdad fue saboteada por quien la puso sobre la mesa.

Sencillamente, no le dieron al INE los recursos suficientes para operar una consulta de esa magnitud.

Y con las 57 mil casillas que se espera sean instaladas, asumiendo muy optimistamente que vote un ciudadano o ciudadana cada minuto durante las 10 horas en que estén abiertas, apenas se llegaría a los 34 millones de votos.

Esa cifra es tres millones de votos inferior a la meta del 40 por ciento que haría esa consulta vinculatoria, es decir, con validez y efectos si se diera el rechazo.

Por tanto, matemáticamente, la Revocación de Mandato nace muerta. Solo será el pretexto para endosarle al INE un fracaso que se gestó desde la austeridad de Palacio Nacional.

Y bajo ese pretexto se montará la narrativa contra el juez electoral y sus consejeros. Para buscar que “el pueblo bueno y sabio” sea de aquí en adelante el que los elija.

Transformado en un concurso de popularidad, tendremos como consejeros electorales a artistas, deportistas, payasos, luchadores, de todo, menos conocedores de las leyes que deben regir y vigilar el ejercicio de la democracia.

Es cierto que las negociaciones para elegir a un consejero del INE pasaron  por el expediente de ser cabildeadas con los partidos. Y eso genera compromisos.

Pero la propuesta presidencial luce todavía peor, porque le otorga a un hombre el poder de someter su lista e imponer a los suyos. Y eso no es ninguna garantía de imparcialidad.

Pero esa es la nueva ocurrencia presidencial que, sin duda, continuaría con la racha de retrocesos en nuestro sistema político, económico, democrático y social.

Porque la marca de la Cuarta Transformación es que lo viejo muere demasiado pronto, por decreto; pero lo nuevo tarda demasiado en nacer o termina en aborto.

Cuántos vuelos estarán saliendo en un año del nuevo aeropuerto Felipe Ángeles; cuánta violencia contendrá la Guardia Nacional; cuánta energía eléctrica será producida de manera económica y limpia; quiénes cuidarán a los niños mientras sus madres salgan al trabajo o cuántos mexicanos tendrán que padecer por meses, o quizás por años más, el desabasto de sus medicamentos.

Alguna vez, el candidato López Obrador alarmó a millones cuando espetó su “Al diablo con las instituciones”. Sin duda se quedó corto, porque hoy somos testigos de que su mantra es “Al diablo con todo”.

La promesa de la campaña 2018 era la de buscar una Cuarta Transformación… y por lo vivido, hasta hoy, solo nos lamentamos de una Gran Destrucción.

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