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05 de Mayo del 2020

Ahogados en incongruencias

La reticencia a actuar en el caso Bartlett, la relación con Carlos Slim y la tolerancia a los errores de Hugo López-Gatell son estampas de contradicción en la 4T.
El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene que revisar su estrategia de comunicación porque está haciendo de la incongruencia su bandera en la Cuarta Transformación. Y menos aún caer en el juego de subestimar la inteligencia de los mexicanos que le dedican las horas –por interés legítimo o por interés profesional- a escuchar La Mañanera, para caer en cuenta que se ahoga en sus contradicciones. Para evitar malas interpretaciones, aclaremos que estamos de acuerdo en el diagnostico. Corrupción, impunidad, desigualdad social y concentración excesiva de la riqueza, son algunas de las lacras que urge erradicar. Para eso 33 millones de mexicanos lo llevaron al poder. Pero sus formas no son las de un conciliador, las de un Estadista, las de un jefe de Estado empeñado en sacar adelante su proyecto politico, económico y social. Y las respuestas ya ni alineadas están a la sensatez ni al sentido común. Baste tomar La Mañanera de ayer lunes 4 de mayo para darnos cuenta de que entre tanta palabra el presidente ya no registra lo que está diciendo o está fabricando un discurso que solo puede ser credible frente a ilusos o radicales incondicionales.  

I.- El Caso del Hijo de Bartlett

Desde el inicio de La Mañanera y hasta la sesión de preguntas, el presidente no abordó de motu propio el escándalo de la compra de ventiladores que hizo el Seguro Social de Hidalgo al hijo de Manuel Bartlett. Debimos esperar a la sesión de preguntas, a que una reportera lo cuestionara. Y su respuesta fue insultante. Lo primero que hizo fue burlarse de la investigación de Mexicanos contra la Corrupción –a quienes llamó Mexicanos en Favor de la Corrupción- que fue la que en primera instancia detectó el presunto ilícito. Censuró a su director Claudio X. González y de paso lanzó una larga crítica –una vez mas- contra el periódico Reforma y contra sus dueños. Sí reiteró su promesa de campaña de que ni amigos, ni familiares, por mas cercanos que fueran, serían protegidos. Pero no se atrevió a citar por nombre ni al junior León Manuel Bartlett Álvarez, ni a su padre Manuel Bartlett. A los adversarios con el látigo del descrédito; a los cercanos con el manto protector de su silencio. El presidente se concretó a decir que eso lo investigaría la Secretaría de la Función Pública, cuya titular, por cierto, está contagiada, en cuaerentena. Si de verdad quisiera, bastaría conque citara en Palacio Nacional a Bartlett y a su junior para exigirles cuentas. Que exiban las facturas de compra en el extranjero y los pedimentos de importación. Pero escasea la voluntad.  

II.- Billonarios en la 4T

Vino en la misma Mañanera una larga crítica a los años en que México era el cuarto lugar en multimillonarios en las listas internacionales, cuando se privatizaron los bienes públicos y se profundizó la desigualdad social. Fustigó sus excesos. Pero volvió a la incongruencia. ¿O cómo puede el presidente explicar que a Carlos Slim, el multimilloario en jefe de ese clan de mutimillonarios beneficiados al que tanto censura, a quien le regalaron el monopolio de las telecomunicaciones, el gobierno de la Cuarta Transformación le haya asignado los 20 mil millones de obra de la segunda etapa del Tren Maya?   III.- No Me Obedecen, No Las Castigo También ayer en La Mañanera, Luisa María Alcalde, Secretaria del Trabajo, dio un reporte de qué empresas están desobedeciendo el cierre y mantienen operaciones no escenciales. Muy bien hecho. Pero cuando se le cuestionó al presidente López Obrador si a esas empresas desobedientes, en la ilegalidad, se les iba a multar o a clausurar, se salió por la tangente. El mandatrio dijo que esperaría que recapaciten y que lo hagan ellos mismos. ¿Y el Gobierno? ¿Y el Estado de Derecho? ¿Y si todos abrimos mañana? Y del amor desmedido por Hugo López Gatell ya mejor ni hablar. Tan cínico se volvió el jefe responsable de la pandemia, que altera datos, manipula el coeficiente Centinela, y hace malabares con estadísticas y fases, sin pagar consecuencia alguna. Por eso ayer en La Mañanera se vio al epidemiólogo de la Casa Presidencial lleno de sobrebia, cuando se le cuestionó en qué momento, despues de los contagios detectados a la Secretaria de la Función Pública y al Director de la Profeco, se implementarían medidas dentro del Gabinete. Así de fatuo, así de prepotente, así de cínico. Pero no hay jefe que lo ponga en su lugar, porque al final del día todo lo que hoy se le cuestiona al gobierno de la Cuarta Transformación –Barttlet, Slim o los desobedientes que no respetan el cierre- tiene la misma salida. Cuando se le pregunta al president López Obrador cuándo se actuará, la respuesta siempre será: “Cuando lo estime pertinente”. Y por ahora, nada lo es.