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06 de Abril del 2018

Aeroméxico, maletas

Aeroméxico ya no es lo que era antes: el servicio de la aerolínea se ha deteriorado gravemente. ¿Qué dirá de todo esto la Subsecretaría de Comunicaciones?
En la llamada guerra de las aerolíneas, la de cazar clientes disfrazando precios bajos, los ganadores son las corporaciones…. y los perdedores somos los viajeros. Vean las últimas “novedades” de Aeroméxico, aquella que presumía ser “La Línea Aérea que va para Arriba”. Haces contacto con el agente del mostrador, le entregas tus boletos para viajar a los Estados Unidos y te reciben preguntando: “¿Lleva usted maletas?” ¿Acaso espera Aeroméxico que vayamos de viaje de negocios o de vacaciones usando la misma ropa toda la semana?¡Por supuesto que llevamos una maleta! Entonces, gran pecado. Con toda la amabilidad te informan que ahora el llevar maleta, una, tiene un cargo adicional de 500 pesos de ida y 500 de vuelta. Es decir, que el boleto no costó lo que nos dijeron, sino mil pesos más. Así de simple. Todavía si nos dieran la oportunidad de pagarlo en el mismo mostrador. ¡Pero no! Te obligan a peregrinar a otro mostrador a hacer otra fila, para que pagues y vuelvas al mostrador inicial por tus pases de abordar. ¿Y el servicio al cliente? Peor aún. ¿Por qué si saben que todos los pasajeros vamos a acabar pagando esos mil pesos -500 de ida y 500 de vuelta- no se los cargan desde el principio al boleto y nos ahorran toda esa burocracia y pérdida de tiempo?. Pero el novedoso y pésimo servicio de Aeroméxico no se limita al cobro de maletas. Hace una semana volamos a la Ciudad de México con boleto Clase Premier, pagado. No era ascenso. La tarifa estaba pagada en boleto. Por fortuna acabamos los deberes antes de lo esperado y nos fuimos al aeropuerto, como tantas veces lo hemos hecho durante décadas, para buscar un vuelo más temprano. Preguntamos a la agente del mostrador si podemos adelantar el vuelo. Me dice que sí, pero que ya no tiene Clase Premier, que si aceptamos en Clase Turista. Le decimos  que sí, que preferimos llegar más temprano, a volar en “primera”. Pero ¡¡¡oh, sorpresa!!! Para cambiar de Clase Premier a Clase Turista ya no se puede hacer de manera automática y sin costo. Hay que pagar 200 pesos por el cambio, en otro mostrador, por un trámite que antes era gratis. ¿Por qué tenemos que pagarle a la aerolínea si estamos dejándole un asiento Clase Premier, caro, por uno Clase Turista, más barato? “No lo sé, son las nuevas reglas”, nos dice la agente del mostrador, encogiendo los hombros. Días antes vivimos otra amarga experiencia, de las que no existían antes, cuando en Aeroméxico veían por el cliente. Por el tráfico de la Ciudad de México llegamos tarde a documentar. Antes, sin problema, te acomodaban en alguno de los próximos, siempre que existía la disponibilidad. Pero para sorpresa de mi asistente, que se hacía cargo del cambio, le dijeron que eso ya no era posible, aunque fueras Clase Premier y Titanium. Que si quería un vuelo posterior tendría que sacar un nuevo boleto. Que esas –oootra vez-  eran “las nuevas reglas”. Y a desembolsar 5 mil pesos más. De la calidad de los servicios en la terminal exclusiva de Aeroméxico en la Ciudad de México, mejor ni hablamos. Los fétidos olores a drenaje, así como el mantenimiento y los sanitarios, son deplorables. Aeroméxico debe hacer un profundo examen de conciencia pensando en sus viajeros. Su afán recaudatorio, disfrazando costos de boletos “baratos”, los está volviendo cobrones y maletas. ¿Qué dirá de todo esto la eficiente Subsecretaría de Comunicaciones, Yuriria Mascott, quien está poniendo en orden a los aeropuertos? ¿Hará lo mismo con las aerolíneas privadas como Aeroméxico?