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10 de Diciembre del 2019

Trump con maña

Una cosa es jugar a la diplomacia y otra muy distinta es caer en el juego de que el presidente Trump es gran amigo de México.
“Todo el trabajo necesario para declarar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas se ha completado. Legalmente estamos listos para hacerlo. Sin embargo, a petición de un hombre que me agrada y respeto, y que ha trabajado muy bien con nosotros, el presidente Andrés Manuel López Obrador, postergaremos temporalmente esta designación”. Este fue el tuit que envió el presidente Donald Trump el pasado viernes 6 de diciembre y en el que congelaba su amenaza de colocar a los cárteles mexicanos en la categoría de grupos terroristas, con todas las serias implicaciones políticas, económicas y sociales para nuestro país. El presidente Andrés Manuel López Obrador, a través de la cancillería, no tardó en responderle al inquilino de la Casa Blanca. Sin duda el inquilino de Palacio Nacional decidió mantener su política de abrazos y no trancazos, con el veleidoso y egocéntrico presidente de los Estados Unidos. Y hace bien en no ir a picarle la cresta al gallo que por cualquier gallina busca pleito. Pero una cosa es jugar a la diplomacia, y otra muy distinta es caer en el juego de que el presidente Trump es gran amigo de México y que adora al presidente López Obrador. Si de verdad existiera ese respeto, la cancelación de su amenaza sería definitiva y no solamente temporal, como lo anuncia en su tuit. La espada de Damocles pende sobre México. Lo cierto es que al inquilino de la Casa Blanca no le quedó otro remedio que posponer para mejores días de su campaña de reelección la nueva amenaza contra México. No tenía otro camino. Cuando envió el tuit de la cancelación temporal, el presidente Trump venía bajándose del Air Force One tras una desastrosa gira por Europa, donde fue objeto de la burla internacional. Fue la visita para conmemorar el aniversario de la creación de la OTAN y en donde tres jefes de Estado -Justin Trudeau, de Canadá, Emmanuel Macron, de Francia y Boris Johnson, del Reino Unido- fueron captados en cámara burlándose de su homólogo norteamericano. Y aunque el presidente Trump acabó por responderle al premier Trudeau que era un mandatario “doble cara”, lo cierto es que el inquilino de la Casa Blanca respondió así porque fue herido en su línea de flotación egocéntrica. En esas condiciones, lo peor que podría hacer el presidente Trump era aterrizar en Washington para cumplir una nueva amenaza contra México y comprar otro pleito con su homólogo mexicano, quien hasta ahora solo le ha extendido la mano. El mensaje trumpista fue el de… “yo solo me peleo con quienes no me toman en serio. Vean como con mi respetado amigo mexicano estoy de buenas y le suspendo, aunque solo sea temporalmente, la declaratoria que me pidió la familia LeBarón”. La verdad es que Trump no podía darles el lujo de abrir otro frente en la antesala de que le voten el impeachment. Sobre todo cuando estamos al cinco para las doce en la firma del nuevo Tratado de Libre Comercio –ahora conocido como T-MEC- y que a pesar de que ya había sido acordado y firmado por el presidente Trump en el sexenio del presidente Peña Nieto, ahora le quieren hacer cambios. Y aunque del lado mexicano se rechace cualquier enmienda de última hora, el viaje que hace hoy el yerno y asesor de la Casa Blanca, Jared Kushner, y el representante comercial, Robert Lighthizer, dibuja que buscarán la corrección de último minuto. Ojala que se respete lo que ya se había firmado en los días en que Ildefonso Guajardo era el secretario de Economía. En un descuido las amenazas de los cárteles terroristas y de la US Labor Patrol para vigilar las condiciones de trabajo de las empresas mexicanas, fueron el último apretón para que se aceptaran los ajustes de última hora. Hoy sabremos si prosperaron. Por lo pronto un buen consejo para el presidente López Obrador es que no se confíe de los tuits del presidente Trump. Ahí sin duda sí existe una doble cara.