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09 de Agosto del 2019

No hay vacunas

Haría bien el Presidente López Obrador en escuchar el consejo de los seis ex secretarios de Salud en relación a la potencial liquidación del Seguro Popular.
Seis secretarios de Salud salieron a dar la cara esta semana para exhortar a cubrir deficiencias e irregularidades que se vienen exhibiendo en el gobierno de la Cuarta Transformación.   La cancelación del Seguro Popular cuando todavía no está operando el sistema que lo va a reemplazar, el desabasto de medicamentos al congelar adquisiciones en los primeros meses, la falta de médicos que obliga al presidente a llamar a los médicos jubilados y en general su inquietante sacudimiento en el sector salud.   No hay duda que el presidente Andrés Manuel López Obrador y su gabinete están en lo cierto cuando cuestionan el dispendio y la corrupción con la que imperaron los servicios médicos públicos en el pasado.   El huachicoleo de medicamentos entre políticos y algunos coyotes farmacéuticos tiene que acabar, porque es un crimen que atenta contra la salud de la Nación. El Seguro Social, el ISSSTE y el Seguro Popular tienen que purgarse, reinventarse y eficientarse.   Pero estando de acuerdo con el fondo, las formas vuelven a pesar más y a propiciar un clima de intranquilidad entre la comunidad médica y los derechohabientes, que ven con desconcierto algunas medidas.   El último episodio es el la escasez de vacunas para sarampión, rubeola, hepatitis B, tuberculosis y tosferina, entre otras, que se da por un conflicto burocrático y que tiene secuestradas varias millones de dosis, sin que puedan salir a aplicarse en los servicios de salud pública y privada.   Es entendible que en la transición sexenal el paso de estafetas se atore en tramitologías de entrega, pero lo que no es justificable es que por ello se ponga en peligro la salud de millones de mexicanos.   Y no es una sentencia ociosa. Esta misma semana, en medio de la severa escasez de vacunas, comenzaron a aparecer en el Estado de México, y en otras entidades, los primeros casos de sarampión.   Se trata de casos importados de la Unión Europea y de Estados Unidos, donde ya hay alertas sanitarias. Pero el hecho es que el peligro potencial de un brote viral en México se eleva cuando la población –sobre todo los menores- están desprotegidos, sin vacunas.   Y esa escasez de vacunas aplica no sólo en el sector público, sino en hospitales y consultorios privados, en donde muchos  pediatras agotaron sus inventarios y están aplazando las dosis porque nadie les surte el antiviral.   Alguien dentro del gobierno de la Cuarta Transformación, particularmente dentro del Sector Salud, tendría que lanzar la alerta y destrabar cualquier circunstancia para que las vacunas ya sean liberadas.   Fallar o dar un traspiés en salud y educación no es un lujo que pueda darse el nuevo gobierno, porque son dos sectores sensibles que impactan en toda la población.   Lo último que necesita el presidente López Obrador es que, por no atender a tiempo el problema de las vacunas, le brote una epidemia de las que ya están apareciendo en otros países.   No es sano despreciar o desacreditar la advertencia de seis Secretarios de Salud. Pónganle atención.