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18 de Febrero del 2019

4 ajustes al vuelo

Estamos a solo 22 días de llegar a los primeros 100 días del gobierno de la 4T y cuando lleguen sería bueno revisar las condiciones del vuelo
Nadie somos infalibles. Aún el más exitoso político u hombre de negocios tiene la obligación de –una vez despegado el avión- ir revisando constantemente su plan de vuelo. Las condiciones con las que se despegó no son estáticas. El cambio de tiempo se va dando conforme se toma altura para enfilar al destino. Y eso es lo que tendrían que hacer el presidente Andrés Manuel López Obrador y su círculo cercano, si quieren que los pasajeros de este avión llamado México no se asusten con las inevitables turbulencias. Por eso es obligado a los 100 días del despegue, revisar las condiciones del vuelo. Y estamos a solo 22 días de ese fecha, cuando se alcanza en cualquier nuevo gobierno lo que se llama altitud de crucero. ¿Qué es lo que se ve en el horizonte que amenaza con nublar el vuelo de la Cuarta Transformación? Analicemos. I.- Confiar en un solo Indicador.- No hay duda que el capitán López Obrador tiene muy elevado su nivel de aprobación, a niveles nunca vistos. Y ese 85 por ciento es muy sano. Da confianza a los pasajeros. Pero tomar un solo indicador como medida de éxito, es asumir que el piloto se sienta seguro porque tiene combustible de sobra, sin verificar la velocidad y la altitud para aterrizar lo que se propone. Aun con el tanque lleno, el avión puede caer. Que bueno que exista suficiente apoyo del pueblo bueno y sabio, pero también hay que revisar los indicadores entre inversionistas y los obligados indicadores económicos, hoy en alerta amarilla. Si no se vigilan, la turbulencia alarmará a los pasajeros y la aprobación se vendrá abajo. II.- Crimen sin Castigo.- Es regla universal que no hay crimen sin castigo. Pero por alguna razón la sensación que se percibe en el gobierno de la Cuarta Transformación es que se denuncia mucho crimen, pero no existe castigo. Aplaudimos la voluntad presidencial para enfrentar a las mafias, desde la del huachicol, la energética, la del crimen organizado o la de las constructoras. Peor no es suficiente la denuncia; hace falta que se exhiban a los responsables y ver a algunos culpables tras las rejas. Si continúa la sensación de que se descubra lo que se descubra, nadie paga los platos rotos, la cruzada contra la corrupción abortará en pleno vuelo. III.- Hay o No Pacto con Peña.- A pocos escapa en las mañaneras del presidente López Obrador que se arremete contra los excesos de los gobiernos pasados. Sean los de Salinas, Zedillo, Fox o Calderón. Pero por alguna curiosa situación se tiende a evitar el nombre de su antecesor, Enrique Peña Nieto, o de cualquiera de su círculo cercano. No se puede censurar el escandaloso endeudamiento de Pemex sin pasar por ver quién le autorizó a Emilio Lozoya Austin los 44 mil millones de dólares con los que elevó la deuda de la paraestatal a unos inmanejables 100 mil millones de dólares. Tampoco se puede tejer sobre la nueva Guardia Nacional sin hacer un recuento de los daños –y de los culpables- que hicieron del sexenio pasado un jardín de sangre en el que solo floreció el cártel Jalisco Nueva Generación. IV.- Tripulación Dividida.- A nadie escapa que la mayor turbulencia en el nuevo gobierno está entre su tripulación. Digan lo que digan, las diferencias dentro del equipo crecen y sin duda son la peor amenaza. La línea dura morenista, la que viene acompañando desde hace décadas al presidente, se queja de los asientos que les asignaron en este vuelo. Y buscan recuperarlos. Recelan de la línea suave del gabinete que, sin tener origen lopezobradorista, se adueñaron de los asientos Premier. Y eso esta provocando un incesante “fuego amigo” que busca restarle potencia a un avión en pleno vuelo para ir bajando a quienes consideran son funcionarios “fifí”. Para colmo, una serie de malas elecciones de tripulación, ya causaron las primeras vergonzosas bajas que dejaron muy mal sabor de boca entre los pasajeros que veían azafatas despachando como pilotos. Por eso decimos que el capitán López Obrador tiene tres semanas para nivelar ese esperanzador vuelo de la Cuarta Transformación.