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30 de Diciembre del 2019

2020: Lo que viene

Pronosticamos que el sacudimiento para México será de antología y que el presidente Andrés Manuel López Obrador tendrá dificultades para continuar tendiéndole la mano a quien más temprano que tarde nos atacará para satisfacer sus apetitos electorales: Donald Trump.
Para desgracia de México y de la Cuarta Transformación, será un factor externo el que defina el rumbo del 2020. Y ese factor tiene nombre y apellido: Donald Trump. A menos que proceda su destitución, un hecho poco probable aunque no imposible, el inquilino de la Casa Blanca echará mano de todo lo que esté a su alcance para lograr su reelección en noviembre próximo. ¿Y adivinen quién es su cliente favorito para utilizar como la gran amenaza para con sus electores? Por supuesto, otra vez México. Lo vimos en la elección del 2016 en la que el tema de los migrantes y el muro fronterizo –ahora en construcción- se volvieron el epicentro en la siembra del miedo sobre los electores norteamericanos. Y a Trump le funcionó. Por eso el ego más poderoso del planeta se dispone en los próximos 10 meses a redoblar su apuesta de que sus vecinos del Sur somos la mayor amenaza a la seguridad nacional. Y de nuevo venderá que solo él tiene la receta para frenarla. Ya no serán ni los migrantes, ni el muro fronterizo. La nueva novela electoral de Trump serán los cárteles transformados en terroristas, por la magia del tráfico de fentanilo, un opioide sintético que está causando 80 mil muertes anuales en la Unión Americana. Por eso están usando –entre otros- el sospechoso caso de la masacre de los LeBarón –benefactores desde México del Partido Republicano y de su político mormón Mitt Romney- para preparar el caldo de cultivo que justifique volver a instalarnos como la gran amenaza. Serán 44 semanas de pesadilla en la que un desesperado Trump, que ya entró a la Historia por ser el tercer presidente al que se le somete a un juicio de impeachment, no deseará pasar también a la historia por ser el quinto presidente que no se reelige. Solo Herbert Hoover, Gerald Ford, Jimmy Carter y George Bush padre, no lo lograron. ¿Imaginan el coletazo de megalomanía que vendrá de un Trump que salga airoso de su juicio de destitución, para desenfundar la espada y sentirse invencible justiciero para aniquilar las amenazas que aterrorizan a sus electores? Pronosticamos que el sacudimiento para México será de antología y que el presidente Andrés Manuel López Obrador tendrá dificultades para continuar tendiéndole la mano a quien más temprano que tarde nos atacará para satisfacer sus apetitos electorales. Pero aunque vital, para México no todo en el 2020 será Trump. Superado con serios cuestionamientos el primer año del gobierno de la Cuarta Transformación, en el que justificadamente se le pueden endosar a las herencias del pasado los desastres económicos, en el segundo año las explicaciones ya no serán suficientes. Si el inquilino de Palacio Nacional no arranca el 2020 anunciando ajustes operativos en su gabinete y en su estilo centralizado de gobernar, será poco menos que imposible remontar el vuelo. El enorme respaldo popular del presidente López Obrador, sin precedentes en la historia del México moderno, podría ser insuficiente para contener el desánimo que invadirá a los mexicanos si a mediados del 2020 las cifras no son afines a las expectativas. Urge el punto de inflexión. En todo. Si no se acelera el ritmo en el gasto público para desatorar el estancamiento económico, ni se modifican las estrategias en los sectores energéticos, de infraestructura, vivienda, salud y por supuesto seguridad, el bono de la esperanza que sobrevive en el 65 por ciento de los mexicanos, caducará. Bien haría el presidente López Obrador en rediseñar sus reuniones de gabinete o en crear un “cuarto de guerra” para hacerle frente al 2020, que será definitorio en el éxito o el fracaso de la Cuarta Transformación. Las serias amenazas externas, como la de Trump, y las urgencias internas que impiden acelerar el dinamismo y la sensación de seguridad y bienestar del ya no tan nuevo gobierno, bien lo ameritan. Manos a la obra.