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30 de Septiembre del 2020

Trump dice que no se va a ir. Muchos lo están tomando en serio.

Los estrategas del presidente Trump están analizando escenarios en los que la elección se definirá en la Suprema Corte de Justicia o en el Congreso. En ambos casos, el Partido Republicano cuenta con una ventaja significativa.
Estados Unidos nunca había estado tan cerca de una crisis constitucional. El consenso en Washington y en Wall Street es que la reticencia de Donald Trump a comprometerse a aceptar el resultado de la elección presidencial podría interrumpir más de dos décadas de alternancia caracterizadas por la transferencia pacífica del poder. El debate presidencial del martes 29 de septiembre puso de relieve la centralidad que han tomado las acusaciones de fraude electoral en el discurso del presidente. “Esto va a terminar mal”, dijo Donald Trump durante el segmento de cierre del debate. La Casa Blanca ha empujado una narrativa que sostiene que no hay manera alguna en que la contienda se realice de manera ordenada y sin fraude. Los estrategas del presidente Trump están analizando escenarios en los que la elección se definirá en la Suprema Corte de Justicia o en el Congreso. En ambos casos, el Partido Republicano cuenta con una ventaja significativa. Es altamente probable que se concrete la nominación de la jueza Amy Coney Barret al máximo tribunal, lo que ampliaría considerablemente la composición de la corte a favor de perfiles conservadores, lo que podría traducirse en una decisión favorable para el presidente Trump en caso de ser necesario. Si la sucesión presidencial se decide en el Congreso, serán las delegaciones estatales de la cámara baja las que determinen quien será el inquilino de la Casa Blancas a partir de enero de 2021. A pesar de que el Partido Demócrata cuenta con una mayoría marginal en la Cámara de Representantes, los republicanos controlan 26 de las 50 delegaciones estatales, lo suficiente para llevar a buen puerto la reelección del presidente Trump. No se trata de escenarios de baja probabilidad. Wall Street considera que el riesgo de disturbios civiles y una transición turbulenta son latentes. Eso es lo que refleja el mercado de opciones del índice de volatilidad de la bolsa de Chicago, un indicador que es conocido como el “termómetro del miedo” y que registra un aumento significativo para el periodo posterior a la elección. La percepción de incertidumbre es generalizada entre los principales administradores de activos e intermediarios financieros. Un reporte para clientes desarrollado por UBS Wealth Management argumenta que el debate del martes 29 de septiembre elevó considerablemente la expectativa de que la elección podría disputarse en las cortes, en el Congreso e incluso en las calles. JP Morgan publicó una nota similar en la que refiere que la importancia de la contienda de noviembre yace en la claridad y magnitud con la que se gane la elección, más que en quién resultará ganador. La falta de certidumbre interrumpió la tendencia ascendente del mercado accionario estadounidense, que presentó un comportamiento creciente desde marzo, fecha en que las autoridades fiscales y monetarias respondieron con políticas de estímulo para hacer frente a la recesión derivada de la pandemia. En el último mes, el índice S&P 500 ha perdido 5 por ciento de su valor. Byron Wein, vicepresidente del consejo de administración de Blackstone, le dijo al diario The New York Times que el mercado no volverá a un sentimiento de expansión hasta que los resultados de la elección presidencial de Estados Unidos estén completamente definidos. Durante el debate, el presidente Donald Trump hizo énfasis en que la votación a través del correo representa un peligro para la integridad de la elección, la cual no ha sido cuestionado por ningún titular Ejecutivo en la historia moderna de Estados Unidos. La democracia más longeva del mundo enfrenta una crisis existencial sin precedentes. Sin embargo, los mercados prevén un aumento significativo de la volatilidad, no una debacle absoluta de las instituciones republicanas del país, lo cual tendría consecuencias económicas desastrosas, difíciles de estimar. Todavía existe un segmento de analistas y académicos que se muestran escépticos de una transición turbulenta. Branko Milanovic, economista e historiador especializado en temas de desigualdad, es uno de ellos. Su tesis es la siguiente: Estados Unidos es una plutocracia en la que Wall Street y Silicon Valley no van a tolerar la inestabilidad que podría generar un escenario de esta naturaleza, de modo que van a usar las herramientas a su disposición para presionar al Partido Republicano y al Congreso para obligar a Donald Trump a conceder la elección. A pesar de ello, Trump está poniendo a prueba, como nadie, los límites de la resiliencia de las instituciones democráticas de Estados Unidos.