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02 de Mayo del 2019

Todo un plan, pero, ¿demasiado optimista?

El ambicioso Plan de Desarrollo 2018-2024 de AMLO para su sexenio presenta un gran desafío: la economía
La retórica es consistente: si se logra vencer la corrupción, todo es posible. El Plan Nacional de Desarrollo 2018-2024, presentado por el presidente López Obrador este martes, no desentona el discurso que le caracteriza. Develado con una elocuente introducción que critica duramente la gestión política y económica del país de las últimas décadas, el proyecto se divide en tres pilares: política y gobierno, política social y desarrollo económico. Sabedor de su apoyo popular, en el primer capítulo López Obrador se muestra seguro de poder no solo mantener la opinión pública a su favor, sino de acrecentarla. Prueba de ello es la meta de disminuir la percepción de corrupción en el gobierno federal en un 64.5 por ciento, así como de incrementar la confianza en el gobierno federal. Según el INEGI, en 2017 solo es 27 por ciento de los mexicanos confiaban en el gobierno federal. La administración de López Obrador tiene la meta de lograr un 60 por ciento para 2024. En el mismo plano, el plan establece la meta de reducir de 79.4 por ciento a 39.4 por ciento la proporción de mexicanos que percibe inseguridad en su entidad federativa. Pero el ruido empieza a subir de volumen cuando se va más allá de los temas de percepción y se aborda el segundo capítulo: el de política social. Y es que sacar a 20 millones de mexicanos de la pobreza es quizás el mayor reto de su administración. Ese, o acabar con la pobreza extrema de cinco millones de mexicanos. Una de las soluciones a esta problemática, estipula el documento, es “combatir la corrupción en el Gobierno Federal y llevar a cabo una reingeniería profunda del gasto público con la intención de reorientar los recursos hacia los programas integrales que generen mayor bienestar y el acceso a la posibilidad de desarrollar sus competencias, dirigidos, principalmente, a la población más desfavorecida”. Lo anterior, apunta, “promoverá no solo el bienestar de estos sectores históricamente excluidos, sino que incrementará tanto su productividad como su capacidad de consumo, generando un círculo virtuoso de reactivación de la economía y mejoras en la calidad de vida”. Lo cual nos lleva al tema de desarrollo económico, que se trata en el tercer y último capítulo. López Obrador pronostica un crecimiento promedio de 4 por ciento durante los próximos cinco años y medio, para cerrar su administración con una impresionante tasa de crecimiento del 6 por ciento. Cabe decir que México no alcanza un porcentaje de crecimiento del PIB de esa magnitud desde 1973, cuando ambos México y el mundo eran otros. Aunado a esto, la OCDE presentó este jueves su propio pronóstico de crecimiento. Para 2019 lo ajustó de un mediocre 2 por ciento a un triste 1.6 por ciento. Y el moderado optimismo para 2020, en el cual se veía un crecimiento del 2.3 por ciento, fue reducido a 2 por ciento. Claramente, tienen diferentes perspectivas.