9 de agosto 2022

12 de agosto 2021

Política

Marcelo Ebrard regresa a la conversación

Independientemente del resultado de la visita del Sullivan y compañía, Marcelo Ebrard ya logró uno de los objetivos que buscó también con la presentación de la demanda civil contra 11 compañías de armas de fuego: regresar a la conversación de la agenda bilateral

Por Rodrigo Carbajal

COMPARTE ESTA HISTORIA

El canciller Marcelo Ebrard se reincorporó a la conversación de la relación bilateral México-Estados Unidos, después de su notable ausencia durante la visita del jefe del Comando Norte del Departamento de la Defensa, el General Glen D. VanHerck.

El secretario de Relaciones Exteriores recibió al asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan; al secretario del Interior, Alejandro Mayorcas; al Asesor Especial del presidente para el Hemisferio Occidental, Juan González; y al enviado especial de la Casa Blanca para el Triángulo Norte, Ricardo Zúñiga.

El encuentro tuvo lugar un día después de la llamada del presidente Andrés Manuel López Obrador y la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris. Es la primera reunión bilateral de alto perfil desde que López Obrador y Ebrard defendieron públicamente al régimen cubano, en medio de la mayor ola de protestas en la isla en décadas y desde que México hizo un llamado a encontrar un organismo multilateral de América Latina, que hiciera contrapeso a la organización de Estados Americanos que preside José Luis Almagro.

Desde ayer, las diferencias de comunicación entre el equipo de Ebrard y los altos funcionarios de Washington fueron evidentes.

En primer lugar, la administración de López Obrador destacó que en la llamada con Kamala Harris se trató el tema de la reapertura de la frontera. El comunicado oficial de la vicepresidencia de Estados Unidos no hace referencia alguna a esta discusión; se limita a mencionar que la prioridad bilateral es el control de la migración ilegal.

No es la primera vez que ocurre un desencuentro de prioridades con la oficina de Harris De acuerdo a personas cercanas al asunto, cuando la vicepresidenta vino a ver a López Obrador a Palacio Nacional se desechó la agenda original planeada por el presidente de México para abordar esencialmente tres aspectos que no habían sido contemplados por la 4T: el tráfico de fentanilo, la creciente presencia de China y de sus empresas de telecomunicaciones en la región, y la expansión territorial de los cárteles mexicanos.

La visita del equipo de Sullivan, a México, se planeó en este contexto. Sucede a la visita del director de la CIA al país; al comentario del ex embajador Christopher Landau, de que López Obrador ha sido pasivo frente a los cárteles de la droga; al comentario del General VanHerck de que el crimen organizado ocupa un tercio del territorio mexicano y a la editorial del Financial Times, que pone bajo escrutinio internacional el presunto apoyo del crimen organizado a los candidatos de Morena.

Una tesis que el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, le comunicó personalmente al congresista Adam Schiff, presidente del Comité de Inteligencia.

Ni Sullivan, ni Mayorcas, ni algún otro miembro del “entourage” americano hicieron pública su visita, un hermetismo que contrastó con el activismo mediático de la cancillería.

Ebrard hizo público el encuentro en la conferencia mañanera; su subsecretario para asuntos de América del Norte publicó en sus redes sociales la llegada de los funcionarios de la Casa Blanca y una fuente mexicana filtró a la revista Proceso que la visita sería el antecedente de un encuentro oficial del presidente Joe Biden con López Obrador.

El contraste de la comunicación no podría ser mayor. Marcelo Ebrard tiene incentivos para publicitar la visita de manera agresiva; es una compensación del escándalo “libre a bordo” en el que el subsecretario de Relaciones Exteriores, Maximiliano Reyes, jugó un papel fundamental para ayudar a Venezuela a evadir sanciones de Washington a través del intercambio de ayuda humanitaria por petróleo.

Washington protestó de inmediato. El asunto habría provocado la marginación temporal de Marcelo Ebrard y de su equipo de las discusiones relevantes de la relación México-Estados Unidos. Hasta ahora las señales públicas de la visita de Sullivan, quien también se reunió con el nuevo secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O y con la secretaría de Economía, Tatiana Clouthier, sugieren que se trató únicamente el tema recurrente de la relación bilateral: la migración.

Sin embargo, los “focos rojos” de la Seguridad Nacional, el ascenso del Cártel Jalisco Nueva Generación y la presión del Partido Republicano para designar a los grupos criminales como organizaciones terroristas, no podría omitirse de la conversación de la relación bilateral.

Independientemente del resultado de la visita de Sullivan y compañía, Marcelo Ebrard ya logró uno de los objetivos que buscó también con la presentación de la demanda civil contra 11 compañías de armas de fuego, regresar a la conversación de la agenda bilateral.

Publicidad
Publicidad
Publicidad