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09 de Julio del 2019

Los desencuentros de Carlos Urzúa en la 4T

Al interior del gobierno, la salida del secretario de Hacienda no fue una sorpresa, sino la culminación de una serie de eventos que generaron tensión en el gabinete.
Carlos Urzúa no siempre fue la primera opción para ser el Secretario de Hacienda del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.   Hubo acercamientos con Santiago Levy, el vicepresidente del Banco Interamericano de Desarrollo. Y el nombre de Rogelio Ramírez de la O, un prominente economista de Cambridge, siempre fue una posibilidad latente.   Por eso, para algunos grupos al interior del gobierno, la salida de Urzúa no fue una sorpresa, sino la culminación de una serie de desencuentros que generaron tensión en el gabinete.  
  1. Problemas en la transición
  En la campaña, el rol de Carlos Urzúa fue menor. El Proyecto Alternativo de Nación fue desarrollado en mayor medida por el equipo del ahora Jefe de Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo; Abel Hibert y Adrián Rodríguez.   La participación de Urzúa y sus asesores, Arturo Herrera y Gerardo Esquivel, pasó a segundo plano.   Meses después, el equipo del ex secretario de Hacienda sufrió su primer baja de alto perfil: Esquivel se separó formalmente del gobierno para tomar una posición como subgobernador de Banco de México.  
  1. Centralización de compras y desabasto
  Una de las políticas más emblemáticas de la gestión de Urzúa en la Secretaría de Hacienda fue la centralización de prácticamente todas las compras del sector público en la Oficialía Mayor, comandada por Raquel Buenrostro.   Esto generó fricciones con proveedores y dependencias; y dio lugar a que la oposición culpara directamente a la administración de López Obrador del desabasto del sector salud.   Para entender las consecuencias de esta política es necesario poner en perspectiva la magnitud de los objetivos de Urzúa y Buenrostro: pretendían lograr ahorros por 100 mil millones de pesos al año en el sector salud y diluir la concentración del 80 por ciento de las compras federales en solo el 1.5 por ciento de los proveedores.   Pero hubo un problema: este proceso de consolidación se intentó implementar en cuestión de meses, cuando la propia Buenrostro ha dicho que la experiencia de países como Reino Unido o Francia indica que la curva de aprendizaje puede ser de diez a quince años.  
  1. Austeridad radical y desaceleración
La política de austeridad que se implementó desde el despacho de Carlos Urzúa contempló en la reubicación o liquidación de 113,863 funcionarios del gobierno federal y un subejercicio de 140 mil millones de pesos en los primeros cinco meses de la administración.   Esto no solo generó problemas de operación para el aparato federal, sino que incidió en una menor actividad económica. En el 2018, el gasto de inversión pública en infraestructura fue de 3 por ciento del PIB, la menor tasa desde que se tiene registro.   A pesar de ello, la Secretaría de Hacienda ha profundizado más esta debacle. Entre enero y mayo del 2019, el gasto de inversión en infraestructura del gobierno federal cayó 16.4 por ciento en términos anualizados.   En diciembre, los especialistas en economía consultados por el Banco de México esperaban que el PIB creciera 1.89 por ciento este año. En junio, el pronóstico bajó a 1.13 por ciento.  
  1. Tensión en el gabinete
  Para nadie es un secreto que Carlos Urzúa tuvo diferencias con los titulares del SAT, de Nacional Financiera y de Bancomext.   En el caso de la banca de desarrollo, el ex secretario de Hacienda ordenó la creación de una dirección adjunta de administración y finanzas para hacer contrapeso a dos funcionarios, Eugenio Nájera y Jorge Mendoza, que son vistos como cercanos a Alfonso Romo.   Versiones periodísticas refieren que este modus operandi se repitió cuando Urzúa promovió la llegada de Carlos Alberto Martínez a la Oficina de la Presidencia.   Y en el caso del SAT, su titular, Margarita Ríos Farjat, llegó al grado de firmar un oficio denunciando la insubordinación del Administrador General Aduanas. La carta de renuncia de Carlos Urzúa exhibe fuertes conflictos al interior de la administración de López Obrador. Sin embargo, es necesario preguntar si el ex secretario de Hacienda fue un factor de división o de unidad en este gobierno.