18 de octubre 2021

12 de octubre 2021

Política

Landsmanas-Gil White: La sociedad offshore de 120 mdd

El hijo de un ex secretario de Hacienda, dos familias que han dominado la escena de las contrataciones públicas en México y un opaco vehículo financiero de 120 millones de dólares registrado en Delaware. Ésta es la historia de la sociedad offshore Landsmanas-Gil White

Por Rodrigo Carbajal

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La investigación de los Pandora Papers es la exhibición patente y brutal de que México es el país del dinero negro.

De acuerdo al Instituto Peterson de Economía Internacional, el 25 por ciento de la riqueza de los multimillonarios mexicanos se explica por sus conexiones políticas.

Y uno de los ejemplos más significativos es el de la alianza financiera entre la familia Gil White y la familia Landsmanas, los dueños de Grupo Kosmos que aparecen marginalmente en los Pandora Papers y que, de acuerdo a Vice News, recibieron 29 mil millones de pesos en contratos públicos entre 2002 y 2019.

En la Torre I de Park Plaza de Santa Fe, en la Ciudad de México, hay una empresa que el año pasado levantó 119 millones de dólares de capital en una oferta pública inicial en el mercado de valores de Nueva York, en el Nasdaq.

El documento enviado a la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés) señala que son una compañía de “cheque en blanco”. Opes Acquisition Corp. no tiene empleados, ingresos, operaciones, ni modelo de negocios. Pero sí tiene activos, los casi 120 millones de dólares que fueron depositados en un fideicomiso al que sólo tienen acceso los socios directivos.

Se trata de una SPAC, Special Purpose Acquisition Company, un vehículo financiero que permite recaudar capital sin tener que recurrir a los estrictos lineamientos de una oferta pública inicial tradicional.

El sector financiero ha vivido un boom de SPACS en los últimos dos años y los colocadores financieros no siempre son los bancos tradicionales de Wall Street, sino agentes financieros opacos. Desde el 2020, se han levantado más de 180 mil millones de dólares de capital para compañías de cheque en blanco.

La élite empresarial mexicana, particularmente la clase corporativa con fuertes conexiones políticas y acceso a contratos públicos no dejó pasar esta oportunidad.

Opes Acquisition Corp. dice explícitamente que buscan oportunidades de negocio en México con base en las conexiones, contactos y relaciones que han hecho sus socios con funcionarios, banqueros de inversión y empresarios.

Pero ¿quiénes son estos socios? Esencialmente, la familia Gil White, sus operadores en Oro Negro y la familia Landsmanas.

La compañía se constituyó en Delaware el 24 de julio de 2017, en un momento en el que crecía la disputa de Oro Negro con sus acreedores y con el gobierno de Enrique Peña Nieto. Esto ocurrió una semana antes de que el despacho contratado por los Gil White; Quinn, Emanuel Urquhart & Sullivan; se hiciera de los servicios de la firma israelí Black Cube para espiar a directivos de Pemex.

El timing es importante porque, para este punto, era prácticamente una certeza que Oro Negro no podría pagar su deuda, de modo que no había garantías para salvaguardar los 500 millones de dólares que las Aforé Sura y Citibanamex invirtieron en la petrolera.

Meses después, el 16 de marzo de 2018, Opes Acquisition Corp. lanzó su oferta pública inicial bajo el patrocinio de Axis Capital Management, el vehículo de inversión de la familia Gil White. Early Bird Capital fue el asesor financiero.

La operación fue un éxito a pesar de que el auditor independiente listó 55 factores de alto riesgo para los inversionistas. Dijeron que Opes Acquisition Corp. no tiene historial, ingresos, ni una base para evaluar su habilidad de encontrar oportunidades de negocio en México, lo que representa “dudas sustanciales” sobre la viabilidad de la compañía.

Los auditores advirtieron que la compañía está diseñada de tal suerte que los accionistas no tienen derecho a voto en el gobierno corporativo, lo que hace eco del absoluto control que mantuvo la familia Gil White sobre Oro Negro.

Y finalmente, señalaron que es una inversión altamente riesgosa dado que los accionistas no tienen ningún derecho sobre los fondos que se han depositado en el fideicomiso de la compañía. Es decir, no tienen acceso ni propiedad sobre los casi 120 millones de dólares en activos de Opes Acquisition Corporation.

Por si fuera poco, se describe que otro de los potenciales riesgos es el conflicto de interés en el que podría incurrirse por operaciones con partes relacionadas.

Entonces, la pregunta fundamental es ¿quién invertiría en una compañía con estas características? Es decir, ¿de dónde salió el dinero?

Esta fue la estructura original de Opes Acquisition Corp:

El 37.45 por ciento se explica por los inversionistas originales, los tenedores privados anteriores a la oferta pública inicial:

Gonzalo Gil White, José Antonio Cañedo White y Axis Public Ventures suman una participación de 8.31 por ciento.

LB&B, un fondo del empresario Rodrigo Lebois, tiene el 7.71 por ciento.

Lion Point Capital Management, un fondo de Nueva York, suma otro 6.4 por ciento y cuenta con el derecho de adquirir otros 30 millones de dólares en acciones si se concreta la primera oportunidad de negocio de la compañía.

Polar Asset Management, un hedge fund, de Toronto, tiene el 9.99 por ciento.

Y Weiss Asset Management, una firma de Boston, cuenta con el 6.97 por ciento.

Sin embargo, el resto es inexplicable. Resulta poco creíble la historia de que el mercado le dio el beneficio de la duda a una compañía que no ofrece nada más que las conexiones políticas y empresariales de sus socios.

Por eso, es relevante evaluar quién está al frente de Opes Acquisition Corp. Su presidente es Gonzalo Gil White, ex director de Grupo Axis y de Oro Negro. Tiene una orden de aprehensión en su contra por administración fraudulenta por el caso de la petrolera.

El director de Opes Acquisition Corp. es el primo de Gonzalo Gil White, José Antonio Cañedo White, otro ex consejero de Oro Negro que enfrenta una orden de aprehensión por la misma situación.

El director financiero es Miguel Ángel Villegas, el mismo director financiero de Oro Negro, quién está prófugo de la justicia por la misma orden de aprehensión girada contra sus jefes.

Rodrigo Lebois, el fundador de Unifin Financiera, también es parte del Consejo de Administración. Lo mismo, Adolfo Ríos Olivier. Este abogado fue fundador del despacho Alfaro, Dávila y Ríos, S.C.; que en su momento fungió como el socio exclusivo del fondo Lazard.

Aquí se advierte otra conexión: esta firma tiene como asesor senior a Jerónimo Gerard, quien fue colaborador de Francisco Gil Díaz, padre de Gonzalo Gil White, en la Junta de Telefónica México y otro de los grandes contratistas y operadores del sector financiero en el sexenio de Enrique Peña Nieto.

Jack Landsamanas Stern, el fundador de Grupo Kosmos y de La Cosmopolitana, referida por la prensa como “el cártel de la comida” por su rol dominante en las licitaciones públicas, fue parte del consejo de Opes Acquisition Corp. hasta octubre de 2018, fecha en la que Oro Negro publicó un desplegado acusando una teoría de conspiración contra sus acreedores.

La situación política mexicana cambió radicalmente de marzo a octubre de 2018. Algunos de los intereses que rodeaban al presidente Enrique Peña Nieto fueron colocándose gradualmente en el área de influencia de la administración de Andrés Manuel López Obrador.

La gran pregunta es si el deslinde de la familia Landsmanas respecto a Opes Acquisition Corp. trascendió lo simbólico. Es decir, ¿dónde quedó el dinero?

En diciembre de 2020, esta compañía anunció un acuerdo para adquirir y hacer pública la cadena de restaurantes BurgerFi International en una operación por 100 millones de dólares.

La cuestión es si ésta fue la estrategia de salida de los Gil White para asegurar el acceso a 120 millones de dólares en medio de una batalla legal de tres frentes en la que una de las familias más poderosas de México se juega su supervivencia.

Ésta es la cara de una compañía enigmática en la que figuran los socios, directivos y aliados de Oro Negro, que incluyó en algún momento a la polémica familia Landsmanas.

La empresa es inexplicable en más de un sentido y ofrece una nueva perspectiva sobre los mecanismos de evasión y encubrimiento que utiliza la élite política y empresarial mexicana, una operación paralela a la de casos como el de Víctor Álvarez Puga, considerado el facturero más importante del país, o el de los actores mencionados en los Pandora Papers.

Lo único cierto es que el dinero negro y opaco sigue fluyendo a través de nuestro sistema político.

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