FACEBOOK

VISTAS
10 de Febrero del 2020

¿Cuál es la estrategia de Ebrard en Venezuela?

El papel del secretario de Relaciones Exteriores de México podría ser la clave para desenredar el status quo de la transición de poder en Venezuela.

Marcelo Ebrard está en una posición única para cambiar el equilibrio de poder en Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras del mundo. El secretario de Relaciones Exteriores mexicano ha intentado colocarse como una figura indispensable en la transición política que, en última instancia, definirá las condiciones de la liberación energética de 300 mil millones de barriles de crudo equivalente en reservas probadas de petróleo.

El ex jefe de gobierno de la Ciudad de México es uno de los pocos actores diplomáticos que tiene un canal de acceso directo a la Casa Blanca y que mantiene interlocución con el régimen de Nicolás Maduro. Su relación de casi dos décadas con Rudy Giuliani, abogado personal de Donald Trump y un negociador de facto del gobierno estadounidense en la crisis política de Venezuela, le permiten ser un intermediario entre la izquierda radical chavista y el ala más conservadora del Departamento de Estado americano.

Ebrard ha alineado la política exterior mexicana con la de dos potencias que se han negado a reconocer a Juan Guaidó como el jefe de Estado legítimo de Venezuela y que le han ofrecido una plataforma al gobierno de Maduro para entablar una conversación con la comunidad internacional: Rusia, cuyo ministro de Relaciones Exteriores, Sergei Lavrov, se reunió con Ebrard la semana pasada, antes de viajar a Venezuela. Y España, cuyo gobierno se rehusó a recibir a Guaidó cuando realizó su gira diplomática por Europa y, en cambio, sostuvo una conferencia a puerta cerrada con la número dos del régimen chavista, la vicepresidenta Delcy Rodríguez.

A diferencia de México, el interés de España y de Rusia en la crisis política de Venezuela podría considerarse un caso transparente de quid pro quo. La agencia Bloomberg reportó que el gobierno de Maduro está considerando privatizar Petróleos de Venezuela (PDVSA) y que los principales candidatos para tomar una parte del control accionario de la compañía son Repsol, Rosneft y Eni. La primera es la empresa petrolera más importante de España. La segunda, la compañía estatal de energía del Kremlin, petrolera en la que confluyen los intereses del gobierno de Vladimir Putin y sus aliados oligarcas.

El gobierno mexicano es percibido en la escena internacional como el contrapeso a la política de alta presión de Washington en Venezuela, una posición que se ha vuelto patente en las resoluciones del Grupo de Lima y del activismo de la Organización de Estados Americanos a favor de un mecanismo de cambio de régimen.

Sin embargo, las intenciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores de la administración de Andrés Manuel López Obrador no son obvias. A pesar del alto grado de tolerancia de la oficina de Ebrard hacia el régimen chavista, México marcó una línea roja cuando denunció la intervención del ejecutivo venezolano para bloquear el triunfo de la oposición en la elección de la Asamblea Nacional Constituyente en enero de 2020.

Esta ambivalencia encuentra su máxima expresión en el vínculo del secretario de Relaciones Exteriores mexicano con Giuliani, quién ha usado su influencia extraoficial en la Casa Blanca para mezclar sus negocios privados con asuntos que le interesan a la administración de Donald Trump.

El caso de Venezuela es emblemático en este sentido: Giuliani fue parte del equipo legal de Alejandro Betancourt, un empresario cuyo ascenso se explica por su amplia relación de negocios con el gobierno de Hugo Chávez. De acuerdo a información del diario The Washington Post que posteriormente fue confirmada por Giuliani, el abogado personal del presidente Trump sostuvo una reunión con el jefe de división criminal del Departamento de Justicia en el que se discutió un caso en el que Betancourt es referido como co-conspirador en una demanda de corrupción contra ejecutivos y contratistas de PDVSA que está siendo perseguida por la Fiscalía del Distrito Sur de Florida.

El verano de 2019, días antes de que Giuliani viajara a Ucrania y desencadenara el escándalo que llevó al presidente Trump a enfrentar un juicio de impeachment, el ex alcalde de Nueva York se hospedó en un castillo en las afueras de Madrid, España propiedad de Betancourt. Su estancia habría coincidido con las fechas en las que Wilmer Guaidó, padre del líder de la oposición venezolana, visitó al empresario chavista en su residencia española, según información y fotografías publicadas por el periódico PanAm Post.

Giuliani sostiene que a pesar del antecedente chavista, Betancourt es uno de los principales mecenas de la oposición en Venezuela.

Este contexto explica por qué, a pesar de no tener un puesto oficial en el gobierno americano, el abogado personal de Trump sostuvo una llamada privada en septiembre de 2019 con Nicolás Maduro para negociar las condiciones de un cambio de régimen pacífico en Venezuela.

La relevancia de Marcelo Ebrard en la crisis política venezolana adquiere una nueva dimensión a partir de su relación con Giuliani, un vínculo que data desde cuando el ahora secretario de Relaciones Exteriores estaba a cargo de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México y contrató a la firma del ex alcalde de Nueva York como consultor de política pública. El gobierno metropolitano de Andrés Manuel López Obrador fue el primer cliente de Giuliani.

La conexión Ebrard-Giuliani llegó a tal grado que, de acuerdo a una investigación del diario The Washington Post, el ex alcalde de Nueva York no pudo ser Secretario de Estado en la administración de Donald Trump porque el Congreso lo vetó por su cercanía con Ebrard. El Senado americano consideró que el conflicto de interés lo inhabilitaba para llegar a la posición más importante del gabinete estadounidense.

El papel del secretario de Relaciones Exteriores de México podría ser la clave para desenredar el status quo de la transición de poder en Venezuela. La gira de Guaidó en Europa y su presencia en el Estado de la Unión del presidente Trump solidificó el apoyo de quienes ya eran sus aliados, pero no cambió el status quo ni elevó la presión sobre el régimen de Nicolás Maduro.

Por eso es fundamental preguntar: ¿cuál es el juego de Marcelo Ebrard en Venezuela?