29 de mayo 2022

22 de octubre 2021

Política

Iván Reyes Arzate y los fallidos ‘controles de confianza’

Todos los policías federales de Felipe Calderón habían aprobado exámenes de confiabilidad. Algunos -como el convicto Iván Reyes Arzate- habían incluso pasado tres evaluaciones del gobierno de Estados Unidos. ¿El detalle? No se podía confiar en ellos

Por Redacción Magenta

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Todos los policías federales de Felipe Calderón habían aprobado exámenes de confiabilidad. Algunos -como el convicto Iván Reyes Arzate- habían incluso pasado tres evaluaciones del gobierno de Estados Unidos. ¿El detalle? No se podía confiar en ellos.

Prueba de eso: la confesión en Estados Unidos de Reyes Arzate -quien fuera jefe de la Unidad de Asuntos Sensitivos (UAS) de la Policía Federal durante el sexenio de Felipe Calderón- de haber colaborado con el narcotráfico.  

Y es que La Reina -como le apodaban- no era cualquier policía federal. Era uno de los colaboradores más cercanos al entonces secretario de Seguridad, Genaro García Luna, y el principal enlace entre el gobierno de Felipe Calderón y la Agencia antidrogas de Estados Unidos. 

“Al aceptar miles de dólares de sobornos a cambio de información Reyes Arzate forjó una alianza con los traficantes de droga y traicionó no solo al pueblo de México, sino a los agentes estadounidenses con los que trabajaba, poniendo en riesgo sus vidas”, dijo el fiscal Breon Peace, en un comunicado del Departamento de Justicia.

En 2016, mientras se desempeñaba como comandante de la UAS, Reyes Arzate tuvo conocimiento de una investigación de la DEA contra una oscura organización delictiva, denominada El Seguimiento 39. 

Poco después, el funcionario mexicano se reunió con líderes del cártel y les filtró información sobre la indagación a cambio de un soborno de 290 mil dólares. 

En otra ocasión, también en 2016, información confidencial facilitada por Reyes Arzate al cártel de los Beltrán Leyva condujo a la tortura y asesinato de una fuente confidencial de la DEA en Miami.

De acuerdo con los fiscales de la corte federal de Brooklyn, Reyes no solo estaba plenamente consciente de esto, sino que estuvo en la reunión donde se decidió el asesinato y -junto con otras dos personas-, cobró tres millones de dólares por la información.

El caso de Reyes Arzate en Estados Unidos pone de relieve el fracaso de los llamados “controles de confianza” implementados no solo por el gobierno mexciano, sino también por el gobierno estadounidense.  

Información filtrada al proyecto Wikileaks da cuenta que La Reina había sido sometido -al menos- a tres procesos de evaluación de antecedentes por parte del aparato de seguridad norteamericano. 

El primero del FBI, en septiembre de 2008. El segundo, de la DEA, en julio de 2009. Y el tercero, también de la DEA, en agosto del mismo año. 

De acuerdo con la Secretaría de Estado de Estados Unidos, no existía evidencia de que Reyes Arzate hubiera cometido graves violaciones a los derechos humanos. Por lo tanto, estaba limpio. 

En México, ni el polígrafo, ni las pruebas toxicológicas, ni las psicológicas, ni las médicas, ni las socioeconómicas, pudieron dar cuenta de la corrupción de Reyes Arzate. 

No se diga la presunta corrupción de otros altos funcionarios policiales de la administración calderonista.

Y es que, según expone el experto en seguridad Eduardo Guerrero Gutiérrez, los controles de confianza, “la pieza más emblemática de la política de fortalecimiento institucional que se echó a andar en tiempos de Calderón”, simple y sencillamente, no funcionó. 

Es decir, los más de 60 mil exámenes aplicados anualmente por una década, con un costo de alrededor de cinco mil pesos cada uno, no han tenido efecto positivo alguno. 

Y como ejemplo, las cifras. De acuerdo con la encuesta del INEGI más reciente, dos terceras partes de la población cree que la policía estatal es corrupta. Siete de cada diez opinan lo mismo de su corporación municipal.

Hoy, exámenes de confianza de la misma naturaleza están siendo utilizados para certificar a los miles de elementos que ya conforman y que buscan integrarse a la Guardia Nacional.

Falta que Felipe Calderón salga a presumir ese enorme logro también.

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