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30 de Junio del 2020

Dos años de AMLO: ni un paso atrás ¿al populismo?

Podría argumentarse que el carácter populista del proyecto de la 4T es la clave de su consolidación política y el hilo conductor de la definición de las elecciones intermedias y de la sucesión presidencial de 2024.
A dos años de la histórica elección presidencial de 2018, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador enfrenta una crisis sin precedentes: México es el epicentro de la pandemia del Covid-19 con más de 26 mil muertes, la economía está en caída libre con un pronóstico de contracción del PIB de 10.5 por ciento para 2020 y el atentado en pleno Paseo de la Reforma en contra de Omar García Harfuch pone en evidencia la violencia sistemática de un mapa criminal cada vez más fragmentado. A pesar de ello, el presidente López Obrador cuenta con un nivel de aprobación de 60 por ciento y Morena está ubicado como el partido mejor posicionado para ganar las elecciones intermedias de 2021. ¿Cuál es la explicación detrás de este fenómeno? En una palabra: populismo. Sí, Andrés Manuel López Obrador es un político populista. Esto no necesariamente es un adjetivo negativo; de hecho, es la razón por la cual la 4T ha consolidado su proyecto político. Para entender cómo llegamos aquí, cuáles son las perspectivas rumbo a la elección intermedia de 2021 y a la sucesión presidencial de 2024 es necesario seguir este hilo conductor, el del proyecto populista de López Obrador. La premisa está fundamentada en tres puntos:   1. AMLO fue el único político que entendió la crisis de la democracia liberal La victoria de López Obrador del 1 de julio de 2018 no es un caso aislado, sino que forma parte de una revolución populista en Occidente en la que las mayorías cuestionaron por primera vez en décadas a la democracia liberal como un instrumento de las élites. AMLO entendió que el péndulo político ya no diferenciaba entre izquierda y derecha, sino entre élites y mayorías. En palabras del analista político Javier Tello, la 4T representa un proyecto de cambio radical que busca incrementar el poder y el alcance de la mayoría.   2. La oposición está completamente desacreditada El PAN, el PRI y Movimiento Ciudadano no han logrado romper el techo del 15 por ciento en las encuestas nacionales de cara a la elección de 2021. Morena, en cambio, ha intentado apegarse a una narrativa a favor de las mayorías, independientemente de que esto se esté reflejando en acciones concretas de política pública. Esto representa un contraste directo con el carácter elitista la partidocracia que dominó la escena política de la transición: el binomio Beltrones-Gamboa en donde se digerían todas las negociaciones de alto calibre, el Pacto por México que derivó en las reformas estructurales del gobierno de Enrique Peña Nieto y el consenso de un modelo económico que hizo énfasis en el libre mercado y la apertura comercial son muestras de un proyecto que ignoró a las mayorías. En septiembre de 2017, un año antes de la histórica elección de López Obrador, un estudio elaborado por Pew Research encontró que el 85 por ciento de los mexicanos estaban insatisfechos con el rumbo que estaba tomando su país. Sólo el 6 por ciento de los mexicanos dijo que la democracia estaba funcionando para ellos.   3. La promesa de la 4T es la de un nuevo balance de poder Dani Rodrik, profesor de economía de la Universidad de Harvard, es señalado como uno de los referentes intelectuales de la 4T; un académico que incluso tuvo reuniones con miembros del gabinete de López Obrador durante la transición de poder. No es casualidad que se trate de uno de los pensadores más críticos de la democracia liberal y de cómo las élites han utilizado este instrumento para perpetuar una política económica en la que los derechos de la propiedad se han situado por encima de los derechos políticos y civiles de las mayorías. Luigi Zingales, profesor de economía política de la Escuela Booth de la Universidad de Chicago, argumenta qué hay situaciones en donde el populismo se vuelve inevitable, por lo que le toca al sistema política escoger qué tipo de populismo se implementará. En este contexto, la respuesta política de López Obrador a la crisis de la democracia liberal mexicana es la instauración de una democracia plebiscitaria de liderazgo. De acuerdo a Javier Tello, éste es el verdadero legado de la 4T, un proyecto que se define por cinco puntos, según la teoría política de Max Weber: Primero, un liderazgo carismático. Segundo, una estructura legal que favorezca los referéndums como mecanismo recurrente.Tercero, un discurso que haga énfasis en la polarización y un contexto de crisis. Cuarto, políticas radicales que superan el status quo. Quinto, la demagogia entendida como la comunicación constante con las masas. Weber fue profético: López Obrador cumple prácticamente todas las características del líder que pretende instaurar una democracia plebiscitaria. Es decir, el proyecto de la 4T no es un asunto errático, sino que tiene un hilo conductor que será clave para definir la narrativa en la que se disputará la campaña de las elecciones intermedias, así como en el proceso de elección de candidatos presidenciables al interior de la coalición lopezobradorista. Dos años después del 1 de julio de 2018, el gobierno de López Obrador insiste en revelar su verdadera identidad: la de un gobierno populista que apuesta a mantener el apoyo de las mayorías menos privilegiadas del país. Esto lo entienden los partidarios de la 4T, ¿lo entenderá también la oposición?