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26 de Septiembre del 2018

Cabeza de buey

“Pásame el cel del padrote no seas gacho, ya me la quiero zumbar”, le escribieron al Senador de Tamaulipas, Ismael García Cabeza de Vaca. “Ya somos dos”, respondió
El escándalo de Ismael García Cabeza de Vaca es una oportunidad para recordar lo obvio: que los Senadores de la República, como representantes populares, son figuras públicas que deberían estar sujetos a los más altos estándares de conducta. Eso implica, como mínimo, no participar en una conversación con un tono claramente misógino: “Pásame el cel del padrote, no seas gacho; ya me la quiero zumbar”. La disculpa fue insuficiente y tardía. En un tweet, el Senador de Tamaulipas se refirió al incidente como “una broma inapropiada”. Sin embargo, a la luz del contexto, el escándalo es mucho más que eso. Los comentarios de García Cabeza de Vaca se hicieron mientras el Senado conmemoraba el día del rechazo a la violencia contra la mujer. El Senador, incluso, portaba un listón naranja mientras comentaba en el grupo de Whatsapp “Three amigos”. La indiferencia del hermano del gobernador de Tamaulipas contrasta con la creciente importancia que tienen las mujeres y la agenda de la igualdad de género en la escena política del resto del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, la nominación de Brett Kavannaugh a la Suprema Corte de Justicia está en vilo debido a una acusación de acoso que data de hace más de treinta años. Por si fuera poco, Ismael García Cabeza de Vaca es miembro del Partido Acción Nacional, una institución que históricamente se ha caracterizado por su conservadurismo y apego a los valores familiares. Eso le da una relevancia adicional a lo que sucedió ayer en el Senado. Para muchos, este suceso es la confirmación de que el PAN se ha vuelto el partido de la doble moral. Huelga decirlo: hay mucho que lamentar con el episodio protagonizado por el Senador Ismael García Cabeza de Vaca.