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31 de Enero del 2020

Bonilla y los Insurgentes

¿Una batalla en contra del desorden urbano o una venganza en contra de una exitosa pequeña empresa? En Tijuana, la opinión está dividida.
Primero, se rebelaron contra la tiranía de la cerveza sin sabor. Ahora, luchan contra -nada más y nada menos- que el gobierno estatal de Jaime Bonilla. En Tijuana, Baja California, está la Cervecería Insurgente, y tiene una singular historia. En menos de una década, pasó de ser el experimento de dos hermanos en la cocina de su madre a una de las productoras más reconocidas entre los amantes de la cerveza artesanal en México y en otros mercados internacionales, con numerosos galardones obtenidos, entre ellos Mejor Cervecería en México (Ratebeer.com), Mejor Cervecería de Baja California (CANIRAC Baja California
), así como Best Tasting Room in Baja (San Diego Magazine). Además, en el popular sitio RateMyBeer.com, cuatro marcas de Cervecería Insurgente se ubican en el top 10 de mejores cervezas artesanales de México. Y en un país donde el 94.1% del mercado cervecero está controlado por dos gigantes extranjeros, el logro no es poca cosa. Pero hoy, la empresa bajacaliforniana enfrenta a un enemigo difícil de vencer. Y es que el gobernador del estado, Jaime Bonilla, abogó personalmente para que clausuraran su principal centro de producción en la calle Juan Cordero de la Zona Río, en Tijuana; el cual también tenía una sala de degustación. “Justo un día antes de que tomara protesta el gobernador, (su hermano) se acerca con nosotros y él nos dice que no quiere que estemos aquí”, platicó Iván Morales, uno de los fundadores, frente a las Cámaras de Telemundo San Diego. Pero Bonilla tiene otra versión. “¡Yo fui el que me quejé! Yo fui en una ocasión y vi el desorden que tenían ahí y yo dije “¿cómo es posible que las autoridades hayan permitido en alguna parte como esta una cervecería?” Porque no era cervecería normal, era una discoteque”, aclaró ante medios de comunicación. El frente de batalla El conflicto tiene dos bandos. Por un lado, el de Bonilla y el gobierno municipal del también morenista Arturo González Cruz, que aseguran que la cervecería no puede operar en el lugar porque, al tener un bar, no es compatible con el reglamento de uso de suelo de dicha zona. Y por otro, el de los hermanos fundadores y propietarios Iván y Damien Morales, quienes afirman que tienen todos los permisos en regla y que los obtuvieron de manera legal. “Por más ruido que hagan, ellos saben perfectamente que lo que hicieron fue ilegal... el uso de suelo es imposible que lo hayan obtenido legalmente, porque el reglamento marca que no puedes estar a 40 metros de un hospital”, afirmó Bonilla. Solo, que además de un centro médico en la misma cuadra, sucede que justo enfrente de la Cervecería Insurgente se encuentra una residencia y negocio de Alberto Bonilla, hermano del gobernador. “Se hablaba de que su hermano se había quejado del ruido...”, le preguntó un reportero. Pero el gobernador lo negó tajantemente. Despierta interés El ruido, pero el provocado por la disputa, ha cruzado fronteras, pues los diarios estadounidenses The San Diego Union-Tribune y Los Angeles Times, además de la cadena de televisión Telemundo, ya le pusieron atención al tema. Y es que el caso es emblemático. En los últimos años, Tijuana ha sido hogar de una floreciente escena de restaurantes y bares alternativos, donde pequeños negocios han logrado atraer clientela de ambos lados de la frontera. Cervecería Insurgente es uno de los mejores ejemplos. Y quizá por eso despierta tanto interés esta lucha contra la insurgencia cervecera. La lucha sigue Hoy, las instalaciones de Cervecería Insurgente en la calle Juan Cordero permanecen cerradas. Pero la empresa anuncia que la insurrección continuará. Así que, mientras que algunos tijuanenses ven con buenos ojos que la autoridad ponga orden - aunque no sea parejo; otros lo ven como una vendetta en contra de una exitosa pequeña empresa que le resulta incómoda al gobernador. ¿Quién ganará la batalla? ¿Los oficialistas o los insurgentes?