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01 de Octubre del 2018

Acuérdense de Acapulco

La guerra de cárteles convirtió a Acapulco en la segunda ciudad más peligrosa del mundo. La Marina tuvo que intervenir y tomar el control del puerto porque la policía local está infiltrada por el crimen organizado. A pesar de ello, un ex alcalde de Acapulco será quien presida la Comisión de Defensa del Senado

Era el paraíso que mereció que Agustín Lara le compusiera una canción y que los Kennedy lo escogieran como destino de luna de miel.

Fue la segunda casa de Frank Sinatra y la primer casa de Luis Miguel.

Pero ahora es la segunda ciudad más peligrosa del mundo, sólo detrás de San Pedro Sula en Honduras.

En el 2015, se alcanzó una tasa de 115 homicidios por cada cien mil habitantes.

Y las cosas han cambiado poco desde entonces.

De unos años para acá, Acapulco dejó de ser el puerto de las dos realidades: el del paraíso de la costa turística y la miseria de las colonias populares del interior.

Hace cinco años la nota de que seis turistas españolas fueron violadas en Acapulco le dio la vuelta al mundo. Hace seis días, otro turista chileno fue muerto a tiros en un bar del puerto.

Ésta no es solo una oleada de violencia. Para algunos es una crisis humanitaria. Para otros, es la anarquía total.

La guerra de cárteles de la droga ha arrastrado consigo a comerciantes, taxistas y a miles de niños convertidos en halcones del crimen organizado.

La semana pasada la Marina Armada de México intervino completamente el puerto de Acapulco y tomó el control de la seguridad junto con la Policía Federal.

Se desarmó a 500 policías locales y se detuvo a dos mandos. El titular de la Seguridad Pública de Acapulco, Max Sedano, renunció a su cargo.

Roberto Álvarez, el vocero del Grupo de Coordinación Guerrero, dijo que existía la sospecha de una probable infiltración de grupos delictivos en la corporación policiaca local.

Pero esas no son noticias nuevas. En el 2013, el entonces alcalde de Acapulco, Luis Walton, le concedió una entrevista a la revista Gatopardo.  Básicamente expresó que nadie quería tomar el puesto de Secretario de Seguridad Pública, y el que sí quería, dijo textual, “ya te imaginarás”.

Ésta no es una realidad ajena al gobierno federal. De acuerdo a la revista Proceso, en el 2008, dos testigos protegidos de la PGR dijeron en su declaración ministerial que existía protección de políticos locales  y oficiales del ejército a la estructura criminal de Arturo Beltrán Leyva.

Esto ocurrió apenas tres años después de que la violencia comenzó a ser un problema serio en Acapulco. En el 2005, el cártel de los Zetas llegó al puerto para desafiar al cártel de los Beltrán Leyva, quiénes históricamente fueron el poder hegemónico en esta ciudad.

Si el fraccionamiento Las Brisas se volvió una sucursal de la élite chilanga, lo mismo podría decirse con la Colonia Renacimiento del interior de Acapulco con el cártel de los Beltrán Leyva. Éste era un territorio completamente controlado por el crimen organizado, al que ni siquiera se atrevían a entrar la policía o el propio ejército.

La segunda oleada de violencia en Acapulco, la que verdaderamente destruyó el tejido social del puerto, ocurrió después del quiebre entre el cártel de los Beltrán Leyva y el cártel de Sinaloa durante el sexenio de Felipe Calderón.

Las detenciones del JJ y de la Barbie, así como el abatimiento de Arturo Beltrán Leyva provocaron una fuerte secuela de homicidios en Acapulco.

Ahí se perdió el control.  En la anarquía de la guerra surgieron los llamados cárteles independientes y todo mundo empezó a matar, secuestrar y a robar en nombre del crimen organizado, aún si no se pertenecía a él.

El espiral de violencia se reforzó con la captura del Chapo Guzmán y la expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación, considerado por la DEA como la organización criminal más poderosa del mundo, y la de mayor crecimiento en este sexenio.

La historia de Acapulco es la de una tragedia de seguridad pública. Por eso sorprende que Félix Salgado Macedonio sea quién presidirá la Comisión de Defensa  del Senado de la República. Estamos hablando del personaje que fue alcalde de Acapulco entre 2005 y 2008, justo en el periodo en el surgió la primer oleada de violencia y en la que testigos protegidos aseguraron que había protección de las autoridades a favor del cártel de los Beltrán Leyva.

Para muchos, la designación de Salgado es un gesto de hostilidad hacia las fuerzas Armadas.

Pero más allá de lo político, se le está otorgando una posición de poder en la política de seguridad del Estado mexicano a alguien que tuvo una de las peores gestiones en términos de violencia.

Por eso decimos, acuérdense de Acapulco.