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21 de Mayo del 2019

2025: El año de la privatización de Pemex

La empresa más importante del país se está quedando sin opciones de supervivencia. La entrada de capital privado podría significar un respiro para sus finanzas y un impulso a su frágil gobierno corporativo

El 2025 será el año de la privatización de Pemex.

Ésta es la visión de Carlos Treviño, el último CEO que tuvo la paraestatal en la administración de Enrique Peña Nieto.

Juan Carlos Zepeda, el ex Presidente de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, está de acuerdo. Para él, una oferta pública inicial en el mercado bursátil es la única vía para salvar a Pemex.

Porque es un hecho: la empresa más importante del país está en cuidados intensivos.

Prácticamente todos los analistas coinciden:  el préstamo sindicado de 8 mil millones de dólares extendido por JP Morgan, HSBC y Mizuho para refinanciar la deuda y reemplazar líneas de crédito no es más que una medida paliativa.

Pemex es la empresa petrolera más endeudada del mundo. Tiene pasivos financieros por 106 mil millones de dólares.

Además, su producción se ha desplomado casi a la mitad desde el 2004.

La situación es crítica. Ésta es la calificación crediticia de Pemex, apenas un nivel arriba de los bonos basura. De hecho, si no tuviera el respaldo del gobierno federal, las calificadoras la considerarían una empresa insolvente.

Este reporte de Moody’s describe a Pemex como una empresa con un alto riesgo de liquidez, una fuerte carga fiscal, flujo de efectivo negativo, apalancamiento excesivo, baja cobertura de interés y problemas para reemplazar sus reservas de hidrocarburos.

En este contexto, la idea de la privatización no parece tan radical. Es un modelo que han seguido Petrochina, Sinopec, CNOOC, Ecopetrol y Petrobras.

Ésta última salió al mercado en el 2010 y obtuvo una oferta de 70 mil millones de dólares para desarrollar sus campos de pre-sal en el Océano Atlántico.

Lo relevante es que la operación se hizo en el gobierno de izquierda de Lula da Silva.

En ninguno de estos casos se ejecutó una privatización completa. Se puso en venta una posición accionaria minoritaria de la compañía y los gobiernos mantuvieron el control corporativo. Este modelo ofrece dos grandes ventajas:

  1. Capital fresco para sanear tus finanzas y desarrollar proyectos rentables, que es lo que más necesita Pemex en este momento.

  2. Transparencia y rendición de cuentas.

Pemex es una empresa que opera con más de treinta subsidiarias privadas en Irlanda, Holanda, Suiza, Estados Unidos, España y las Islas Caimán.  Ninguna de estas entidades está sujeta al escrutinio de los organismos fiscalizadores del gobierno mexicano.

La privatización parcial de Pemex podría cambiar eso: le daría acceso a grupos privados al Consejo de Administración.  El gobierno al final tendría un contrapeso al interior de la empresa más importante de México.

Tener inversionistas con dinero en el juego en la junta de gobierno hace más difícil tomar decisiones como la compra de la empresa quebrada Fertinal o la estructuración del contrato de Etileno XXI, el complejo petroquímico en el que Pemex está legalmente obligado a subsidiar a una filial de Odebrecht.

Por alguna razón, la administración de Enrique Peña Nieto no incluyó en la reforma energética el cambio constitucional que pudo abrir la opción de la privatización; aún y cuando el Presidente tenía la voluntad política del Pacto por México. George Baker, un importante analista del sector, tiene una teoría de quién ganó con esta reforma:

La transparencia y los contrapesos siguen siendo una deuda de la reforma energética. La reciente renuncia de uno de los consejeros independientes de Pemex, Carlos Elizondo Mayer-Serra, es prueba de ello.

Su salida se dio por una diferencia de opinión en particular, la de la construcción de las refinería de Dos Bocas.  Elizondo estaba en contra, pero no pudo hacer nada. Lo mismo sucedió con el caso de Fertinal hace cuatro años.

El contrapeso de los consejeros independientes probó ser un fracaso en dos gobiernos distintos.

Ésta es otra razón más por la que la privatización de Pemex empieza a ser parte de la agenda pública.  Algunos lo ven posible en el 2025.