22 de junio 2021

26 de mayo 2021

Opinión

#YoQuéVoyASaber | Salud en todas las tallas

Yo qué voy a saber

La obsesión por la delgadez casi nunca tiene que ver con la salud, sino con la imagen, porque hay muchas personas a las que les urge dictar las reglas con las que los demás deben vivir sus cuerpos

Por Carolina Hernández

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Alba perdió su trabajo porque la empresa que la había contratado no tenía uniformes de su talla. Pero Alba no llora por eso. Llora porque está indignada, porque le da rabia no ser contratada en algo para lo que es buena solo porque es talla 46.

Cuando yo tenía 17 años, quise ser azafata para irme a vivir a la playa y me rechazaron por gorda.

A diferencia de Alba, en mi caso había muchas otras razones para no aceptarme. Si lo pienso bien, no me imagino sonriendo en medio de una turbulencia, sin embargo, el estigma de gorda me persiguió por años.

Porque nos han dicho que ser gordo es malo. Es de flojos. Es un chiste. Y sobre todo, no es saludable y a la gente le preocupa mucho nuestra salud.

Sabemos que no es así.

La nutrióloga Rosario Espino insiste en que la salud viene en todas las tallas y es multifactorial. Es decir, que influyen muchas más cosas que solo los rollitos en la panza.

Quienes critican a las personas de talla grande no están preocupados por su salud.

Si así fuera, también les preocuparían, con la misma pasión, las personas que trabajan 14 horas diarias, eso tampoco es saludable.

O estarían juzgando con la misma severidad a quienes viven en ciudades contaminadas -hola Monterrey- porque eso tampoco es sano… o quienes se desvelan en las fiestas…

El problema es que hay muchas personas a las que les urge dictar las reglas con las que los demás deben vivir sus cuerpos.

Determinar por medio de un número qué tan aceptable somos.

Talla cero, ok.

Talla 46… eeeh no tanto.

Hace unos días, la página de Instagram Melodrama compartió varias historias sobre el ciclo sin fin de las agencias de modelos, las marcas, la industria de la moda y hasta las universidades que suelen tener políticas gordofóbicas.

Entre los comentarios, estudiantes de varias universidades aseguraron que ni siquiera les enseñan a hacer patrones en tallas grandes y las personas que modelan sus colecciones de graduación siempre deben ser altas y delgadas.

Y ojo, no está mal ser altas y delgadas, el truco está en poder decidir si quieres ser talla 0 ó 13 ó 18 ó 46, sin que eso te cueste un empleo.

Amar nuestro cuerpo, nuestra cuerpa, con la forma que más nos haga felices.

Porque eso también es un acto revolucionario. Un acto de resistencia.

Una protesta contra esa moda que nos hace creer que ser talla 46 es un problema. Cuando no lo es.

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