22 de junio 2021

11 de mayo 2021

Opinión

#YoQuéVoyASaber | QUÉ POCA MADRE

Yo qué voy a saber

Eugenia León cantó 50 minutos en Palacio Nacional, en honor al Día de las Madres…. casi una hora le regaló el presidente, pero éste no tuvo unos minutos para las madres de los desaparecidos que afuera pedían verlo

Por Carolina Hernández

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Mientras dentro del Palacio Nacional, Eugenia León cantaba ‘Amor Eterno’ para celebrar el 10 de mayo, afuera, decenas de madres siguen sufriendo la ausencia de sus hijos.

Esa ausencia que las apaga lentamente. Esa que nace de tanto que les duele que no estén…

El lunes, a una semana de la tragedia de la Línea 12 del Metro -sin ninguna renuncia ni explicación de por medio para la familia de las 26 personas que murieron- Andrés Manuel organizó un “festival” para celebrar el Día de las Madres.

Ese mismo día, la mamá de Ana Karen, de José Alberto y de Luis Ángel, recibió los cuerpos de sus tres hijos en unas bolsas de plástico. Los habían secuestrado 48 horas antes.

Pero al presidente eso no le mereció un comentario. Al carajo, ya no son esos tiempos.

En vez de eso, montó una tarima y armó una fiesta.

Y mientras Eugenia León le cantó a las “ánimas para que no amanezca”, miles de madres en el país amanecieron igual que hace años, con el alma rota, incompletas y salieron a las calles a gritar esa pregunta que llevan anclada en el corazón:

¿Dónde están?

Pero sus gritos no se escuchan dentro de Palacio Nacional. Porque Eugenia estaba cantando.

50 minutos escuchó Andrés Manuel a esa mujer. 50 minutos de “piel canela” y “qué linda está la mañana”…

Mientras, afuera, integrantes del Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México pedían solo unos minutos.

Unos pocos minutos para decirle a Andrés Manuel por qué ellas no están festejando el Día de las Madres. Por qué el único puño de tierra que tienen es el de las tumbas clandestinas donde escarban para encontrar un hueso con la esperanza de que no sea su hijo.

Unos minutos para pedirle que vete la ley que determinó que la Fiscalía ya no tiene la obligación de apoyar en la búsqueda de personas desaparecidas.

Pero Andrés Manuel no tuvo tiempo para ellas. No tuvo tiempo, porque Eugenia estaba cantando “que se quede el infinito sin estrellas”.

No tuvo tiempo, como no lo ha tenido desde hace dos años cuando les prometió, mirándolas a los ojos, que ayudarlas a encontrar a sus crías sería prioridad.

“Tenemos 71 prioridades en el gobierno y la número uno es la búsqueda de desaparecidos; no se están escatimando recursos, eso está decidido y estoy satisfecho porque los encargados de este tema no han dejado de trabajar”, les dijo en marzo del 2019. 

Pero a cambio, las dejó solas. Ellas solas han escarbado para buscar los pedazos de su vida.

Ellas solas han deambulado entre muertos con la tortura de querer encontrarlos, pero también deseando que no estén.

En este país existen alrededor de 74 colectivos de rastreadoras que dedican su vida a perseguir las pistas de sus desaparecidos.

De acuerdo a cifras oficiales, tan sólo en los dos años del mandato de López Obrador han desaparecido más de 24 mil personas.

Los hijos y las hijas de esas madres que son un alma sin dueño.

Quizá Andrés Manuel hizo bien en dejarlas afuera, mientras adentro celebraban la vida.

Porque ellas no están para celebrar.

Porque ellas no están del todo vivas. 

Ellas sólo son agonía.

Ellas no son del todo madres.

Ellas son buscadoras.

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