1 de diciembre 2021

19 de octubre 2021

Opinión

#YoQuéVoyASaber | Oro y espejitos

Yo qué voy a saber

Renegamos un montón de la colonización, pero a más de 500 años de la llegada de los hombres barbados, nos siguen deslumbrando con lo mismo: oro y espejitos

Por Carolina Hernández

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Renegamos un montón de la colonización, pero a más de 500 años de la llegada de los hombres barbados, nos siguen deslumbrando con lo mismo: oro y espejitos.

El fin de semana, una reconocida influencer regia compartió un video de su nuevo closet y baño.

Dorado y lleno de espejos. Blanco, pulcro, glamoroso.

Por supuesto que prometió más videos con “los detalles de cada cajón, cada puerta, botón y función” de esa maravilla de la ingeniería moderna.

La publicación en Instagram llegó en un día a medio millón de vistas. En Twitter su nombre se hizo tendencia.

Toda una oda a la banalidad y la frivolidad.

Porque seguimos viviendo en el país de los espejitos, en donde la falta de profundidad y sustancia nos atrapa, nos deslumbra.

En donde le rendimos culto al derroche, al oropel.

Parecemos urgidos por consumir.

Decidimos ignorar por completo que esa idolatría de la banalización tiene consecuencias sociales, culturales, económicas y también medioambientales.

En México, los hogares con más recursos tienen 18 veces más ingresos que destinan al consumo, en comparación con aquellos más pobres.

Esto es importante porque las emisiones de gases de efecto invernadero y otros impactos ambientales están relacionados con el nivel de ingreso de las personas.

Llenar ese closet, representa, en términos de huella hídrica, 2 mil litros de agua para generar una playera de algodón, 10 mil para una falda o pantalón y 8 mil para un par de zapatos.

Hagamos cuentas.

Pero ni la influencer ni sus seguidores piensan en eso.

Porque adoran la simulación.

La economía de lo banal, la ideología de la satisfacción del momento.

Y no se trata de que si tiene se lo gaste. Esa idea es la que nos ha llevado a estar donde estamos, con un planeta que se consume.

La Tierra se encamina hacia un incremento de la temperatura; más de un millón de especies de animales y vegetales del mundo están en un peligro de extinción; y las enfermedades vinculadas a la contaminación causan cada año unas nueve millones de muertes prematuras. Y sí, el closet y el baño de esa mujer tienen que ver.

Porque ella, quienes son como ella y quienes aspiran a ser como ella alimentan la idea de que la felicidad depende de la adquisición de productos, de una casa enorme, de una cocina disfuncional, pero que retrata divina en Instagram, de que un oso que “visite” tu patio, cuando en realidad tú invadiste su hábitat.

La blanquitud en todo su esplendor.

El derroche y la ignorancia.

Ese closet y ese baño representan mucho de lo que está mal en este país.

La burbuja de quienes pretenden vivir en un México, cuyas desigualdades no los tocan.

Un espacio en donde abundan las apariencias y lo superficial de “la gente bien”, que teme descubrir que sin dinero no valen nada y construyen su reino del embuste.

Pero lo peor es quienes se arrodillan ante los dioses del instante y se deslumbran -igual que hace medio siglo- con oro y espejitos.

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