27 de enero 2022

4 de enero 2022

Opinión

#YoQuéVoyASaber | No seamos como José

Yo qué voy a saber

Para José, y desgraciadamente para un montón de personas más, un beso entre personas del mismo sexo les mueve tantas inseguridades y son tan limitados emocionalmente que no pueden más que rechazar esa expresión de afecto

Por Carolina Hernández

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Él es José y sí, cada palabra que salió de su boca huele a rancio, pero el problema es que José estaba cumpliendo con un reglamento que deja mucho a la interpretación y para el que, evidentemente, no fue capacitado.

Six Flags reconoció que “En un esfuerzo por mantener un ambiente familiar, contaba con una política que disuadía a los visitantes de ser demasiado afectuosos mientras visitaban el parque”.

Lo celebro y creo que la mayoría estamos de acuerdo en que un parque de diversiones no es el mejor lugar para ser “demasiado afectuosos”.

Sin embargo, la falta de capacitación de los empleados para cumplir con esa política dejó abierta la puerta a que se tomaran decisiones basadas en prejuicios personales.

A que decidieran, a juicio propio, qué es “demasiado afectuoso”. Como José, que buscó ajustar esas “reglas” a sus propias creencias.

Para José, y desgraciadamente para un montón de personas más, un beso entre personas del mismo sexo les mueve tantas inseguridades y son tan limitados emocionalmente que no pueden más que rechazar esa expresión de afecto.

Su caduco concepto de “familia” les hace pensar que un beso así, atenta contra el “ambiente familiar”.

De acuerdo con un sondeo realizado por la Conapred en 2018, 3 de cada 4 personas de la comunidad LGBTI+ evitó tener muestras de afecto el público con su pareja por temor a ser discriminadas.

La mayoría, eran parejas gay.

Pero lo más peligroso de lo que sucedió en Six Flags es que la respuesta del parque se parece más a un berrinche que a una evaluación real del problema.

“De acuerdo a los comentarios de nuestros visitantes, hemos determinado que no es necesario tener una política que se refiera al comportamiento afectuoso y la hemos eliminado”.

No Six Flags, sí es necesario tener una política que se refiera al comportamiento afectuoso inadecuado para un parque de diversiones, pero también necesitan capacitar a su personal para saber la diferencia entre un comportamiento afectuoso inapropiado y discriminación.

Necesitan capacitar a su personal para que entienda que hay muchos tipos de amor y muchos tipos de familia.

Que un “ambiente familiar” no se mide de acuerdo a la estrechez moral de un empleado, y que las reglas no pueden hacerse valer según sus propias limitaciones emocionales.

Necesitan, básicamente, cumplir con su propio código de diversidad e inclusión.

Y, por su parte, José necesita superar ese miedo que tiene a que las cosas, como él las ha conocido siempre, están cambiando.

Debe entender que las parejas homosexuales existen. 

Que van a salir besándose en una novela, que van a aparecer abrazadas en una publicidad, que van a ir por la calle tomadas de la mano.

Que están aquí y que cada vez serán más libres y que cada vez tendrán menos miedo a mostrarse tal cual son.

José deberá saber que, si alguien será señalado con desprecio, será quien siga reproduciendo esas prácticas medievales y retrógradas que les hacen creer que el amor es esa cosa rígida destinada solo a un hombre y una mujer.

No seamos como José.

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