18 de octubre 2021

31 de agosto 2021

Opinión

#YoQuéVoyASaber | Migrantes de segunda

Yo qué voy a saber

En México se privilegia a los migrantes que aportan capital político y violenta a los que no: La semana pasada se otorgaron visas humanitarias a 120 inmigrantes afganos; en cambio, en el sur, cientos de centroamericanos aún esperan una respuesta a sus solicitudes de refugio

Por Carolina Hernández

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Pero nadie les dijo que se enfrentarían, no solo a una sociedad racista y discriminatoria, sino también a un sistema migratorio que los etiqueta como migrantes de segunda categoría… y del empleo ni hablamos.

El tipo que tira el primer puñetazo es Jorge Palau, director de la Estación Migratoria Siglo XXI.

El que patea brutalmente al migrante tirado en el piso es Aldo Robledo, mando medio de la misma estación.

Ambos fueron suspendidos después de que este video se viralizó.

Pero el problema es mucho más profundo.

Al menos desde el 2019, la estación migratoria, ubicada en Tapachula, Chiapas, es una bomba de tiempo.

Las quejas sobre el maltrato, la violencia, hacinamiento y falta de respuestas a sus trámites migratorios han sido constantes entre los centenares de migrantes -principalmente de Centroamérica, Haití y Cuba- que se han quedado ahí varados.

En junio de este año, el Colectivo de Observación y Monitoreo de Derechos Humanos en el Sureste Mexicano denunció actos de tortura a los que fue sometida la población migrante y refugiada en la Estación Migratoria, luego de que protestaran por la falta de claridad en sus procesos migratorios y por recibir comida en descomposición.

Pero la descomposición más fuerte es la de un sistema migratorio que presume buena voluntad, pero que es clasista, selectivo y convenenciero.

De acuerdo con datos de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados hasta julio del 2021, 13 mil 255 haitianos solicitaron asilo en México; solo el 32 por ciento han sido aceptados.

Sin embargo, en el caso de los venezolanos, la tasa llega al 97 por ciento.

Para los criterios migratorios, Haití y Venezuela no son lo mismo.

A pesar de que la isla caribeña vive un desastre humanitario sin precedentes. 

Aun así, en México se privilegia a los migrantes que aportan capital político y violenta a los que no.

La semana pasada, el gobierno mexicano otorgó visas humanitarias a 120 inmigrantes afganos.

Lo hizo en medio de fanfarrias y porras fraternas.

Se tardaron menos de dos semanas en el proceso.

Los afganos son migrantes de primera categoría.

En cambio, en la Estación Migratoria Siglo XXI, los migrantes de segunda han permanecido más de un año a la espera que el gobierno de México responda a sus solicitudes de refugio.

A éstos, el canciller Marcelo Ebrard les llama migrantes económicos, es decir, que han salido de su país en busca de oportunidades laborales. Sin embargo, basta echarle una revisada a la situación de cada uno de los lugares de dónde vienen para saber que prácticamente todos huyen de conflictos armados, violencia y persecución.

El éxodo masivo que detonó en el violento ataque del sábado 28 de agosto es porque están cansados de seguir confinados, en un espacio, sin esperanza.

Están cansados de que les mientan en la cara, de que los traten como animales, de que todos los días les hagan saber que sus vidas son consideradas de segunda categoría.

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