22 de junio 2021

8 de junio 2021

Opinión

#YoQuéVoyASaber | La gran vendedora

Yo qué voy a saber

Samuel es un producto más de Mariana, un producto que ha sabido promocionar tan bien, que hoy no son pocos quienes la ubican como la mejor comunicadora política de estas elecciones

Por Carolina Hernández

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Qué lejos estaba en ese entonces de entender el verdadero significado de esas palabras del ahora virtual gobernador de Nuevo León.

Lo que no entendía es que Mariana no es un adorno de Samuel.

Samuel es un producto más de Mariana, un producto que ha sabido promocionar tan bien, que hoy no son pocos quienes la ubican como la mejor comunicadora política de estas elecciones.

Como muchos, yo pensaba en Mariana como una mujer hueca.

Ahora, me trago cada una de mis palabras. Porque se necesita tener madera empresarial para convertir a Samuel en un producto de consumo y llevarlo, de ser un meme, a ser el virtual gobernador de Nuevo León.

Y para quienes dudan del efecto Mariana, veamos la frialdad de los números.

En marzo, Samuel aparecía con 8% de la intención del voto. Sus desafortunadas declaraciones lo habían convertido en un meme.

Pero si alguien sabe capitalizar un meme, es Mariana.

La chabacana reforzó su campaña en Instagram, y a partir de ahí, los números de su producto a promocionar, es decir, Samuel, comenzaron a subir.

Sí, levantó las encuestas con memes. Pero prácticamente, todos los candidatos hicieron campaña en redes. Bailaron, subieron historias, armaron retos en Tik Tok y hasta mentaron madres sin que eso modificara sus estadísticas.

Se convirtieron en un meme, pero de los malos.

Mariana firmó acuerdos de publicidad, con marcas que usan el naranja como protagonista de sus logos y envases, convirtió el “fosfo-fosfo” en un emblema de campaña y le dio a Samuel un impulso, que por su propia cuenta, él no habría conseguido.

Para finales de marzo, Samuel tenía ya un 25.1% de la intención del voto y para junio, se ubicaba ya en el 32% de las preferencias.

Además, Mariana dejó claro que es lo suficientemente lista para trabajar en la campaña política, justo al límite de la ley.

La empresaria aprovechó con maestría la enorme laguna legal que existe para la regulación en la política digital en nuestro país y aprovechó la experiencia que le dejó en 2018, cuando luego de que Samuel ganara la elección de senador, el PRI la acusó de ser un “valor comercial”.

Aquella vez, Mariana fue su mejor abogado.

La denuncia fue desestimada por el tribunal electoral, quien consideró que la “influencer” estaba ejerciendo su libre expresión, por lo que sus publicaciones no eran contribuciones de campaña sujetas a escrutinio financiero.

Por eso, en esta ocasión cuando Morena la acusó de lo mismo y trató de incluirla en los gastos de campaña de Samuel, Mariana de nuevo salió de nuevo a hacer su trabajo y acusó al partido de cosificarla.

Una vez más, la denuncia no prosperó.

Hay quienes comparan a Mariana y Samuel con la novela que Enrique Peña Nieto y Angelica Rivera nos vendieron en 2012.

La diferencia es que la Gaviota ni siquiera se pudo quedar con esa Casa Blanca que compró con el esfuerzo de su trabajo de 20 años.

Mariana en cambio, es la dueña de un imperio digital, tiene más de 1 millón 600 mil seguidores en Instagram, su propio nombre es una marca registrada y, entendió perfecto cómo aprovechar la cultura aspiracional que se vive en Nuevo León.

Mariana, definitivamente, sabe vender cosas que nadie necesita… y los regios, saben comprarlas.

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