18 de octubre 2021

7 de septiembre 2021

Opinión

#YoQuéVoyASaber | La comodidad masculina

Yo qué voy a saber

Miles de hombres se sienten con derecho a decidir sobre el cuerpo de una mujer y se declaran “pro-vida”. Bien podrían comenzar por dejar de lado la comodidad masculina y declararse también pro-vasectomía y pro-paternidad responsable

Por Carolina Hernández

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Hoy México despertó “pro-vida”, pero no despertó pro-vasectomía porque sí en la discusión sobre el aborto entrarán también los dueños del esperma es necesario entonces hablar de la brecha anticonceptiva, la paternidad responsable… y de dejar de lado “su comodidad”.

Sí señor, hablemos de cómo la responsabilidad masculina comienza mucho antes de las 12 semanas de embarazo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene una lista de 20 métodos anticonceptivos, de esos, sólo dos son para hombres: el condón y la vasectomía.

En cambio las mujeres, que sólo somos fértiles por 6 días al mes, tenemos la píldora, parches, inyecciones, dispositivos intrauterinos, diafragmas y una lista de invasivos bombardeos hormonales para nuestro organismo.

Y aunque me parece maravilloso, que los hombres hayan decidido unirse a esta discusión, temo decirles que llegan con un poco de.. “retraso”.

Esa conversación comenzó hace meses, e incluso, si nos ponemos quisquillosas, años atrás, para ser precisos, en el 2016. Cuando un estudio que inyectó a los hombres testosterona y progestágenos, similares a las hormonas que se encuentran en la píldora femenina, tuvo que detenerse antes de tiempo.

¿Pero qué salió mal? ¿Se estaban quedando estériles? ¿Les daba cáncer? ¿Se les formaron coágulos de sangre? No, nada de eso. El estudio reveló que los efectos secundarios eran granos en la piel, cambios en el estado de ánimo y aumento de la líbido.

Los hombres consideraron esto demasiado severo e intolerable, por lo que se canceló la investigación. Así es, la mayoría de los métodos anticonceptivos que usamos las mujeres tienen consecuencias devastadoras en nuestro cuerpo, sin contar el trabajo emocional y la carga económica que conlleva.

Nosotras hemos padecido esas consecuencias por más de medio siglo, porque nos han dicho que son nuestra responsabilidad porque si algo falla y termina en un embarazo no deseado pensar en el aborto nos pone en el banquillo de los acusados y nuestra decisión se pone a consideración de todos.

Así que, si de verdad todos vamos a entrarle a la discusión, comencemos por dejar de construir la sexualidad de los hombres y de las mujeres desde perspectivas desiguales y roles de género preestablecidos.

Comencemos a dejar de lado la comodidad masculina, a dividir los riesgos, a hablar de corresponsabilidad para que comiencen a ganarse así, el derecho a opinar sobre una concepción que los involucra desde mucho antes de las 12 semanas… porque si van a ser “pro-vida”, por lo menos aguanten los granos en la piel.

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