17 de agosto 2022

28 de diciembre 2021

Opinión

#YoQuéVoyASaber | El mandato de la revocación

Yo qué voy a saber

No estamos ante un ejercicio ciudadano que salvará la democracia ni ante la revocación de mandato de nadie. Estamos frente a un estratégico plan para afianzar la popularidad de AMLO de cara a las próximas elecciones federales

Por Carolina Hernández

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La revocación de mandato puede ser para muchas cosas.

Para crear un precedente de un ejercicio democrático…

Para empoderar la participación ciudadana…

Para darle ‘champú de cariño’ a un presidente que presume el 60% de aceptación…

Para poner a prueba al INE…

Pero, definitivamente, la revocación de mandato no es para revocar el mandato de Andrés Manuel.

Las consultas ciudadanas son un gran paso para consolidar la democracia participativa y fortalecer nuestro involucramiento con la toma de decisiones del gobierno.

Eso no está a discusión.

Lo que enrarece la excelente decisión de poner a consulta la revocación de mandato de Andrés Manuel es lo conveniente que esto resulta justamente para Andrés Manuel.

Vamos por partes.

El año pasado, y por iniciativa del mandatario, el Congreso aprobó una reforma constitucional para crear la figura de “revocación de mandato”.

Pero la idea no le nació a Andrés Manuel ni es el único que la ha propuesto.

Entre 2009 y 2012 el PT, el PRI y PRD presentaron por lo menos seis iniciativas similares, pero nadie les hizo caso.

Es decir, la idea ni es nueva, ni es una bandera solo del presidente.

El asunto es que, llamar a una revocación de mandato, debería ser un acto extraordinario nacido de la propia ciudadanía cuando esta considere que el gobernante en turno ha incurrido en actos graves de corrupción, ineficiencia, violación de derechos humanos y pérdida de legitimidad y confianza.

Y aquí la consulta por la revocación se ha convertido prácticamente en un mandato presidencial.

Porque, no digo que este gobierno no cumpla con los requisitos para ser revocado, solo que -según casi todas las encuestas- eso no es lo que piensa más del 60% de las personas que -por las razones que sean- siguen mostrando su aprobación a Andrés Manuel.

Si más del 60% de los mexicanos dicen estar conformes con el mandatario, llamar a votar para una revocación de mandato solo convierte a este ejercicio democrático en una consulta populista para saciar la sed de cariño del presidente y para presumir esa popularidad que con una encuesta gratis podemos saber.

Y el riesgo de hacer esta consulta en un momento así de inútil es que, lejos de crear un precedente, se convertirá en un ejercicio ordinario que cualquiera podrá usar, por ejemplo, para fortalecer su posición previo a unas elecciones federales.

Cof, cof, Andrés Manuel. 

Porque, además, todos sabemos que es muy poco probable que, cualquier resultado, se convierta en vinculatorio. Es decir, que sirva para tomar una decisión.

La consulta pasada -esa que era para todo, menos para enjuiciar a los ex presidentes- nos costó 528 millones de pesos y se quedó lejos de ser vinculatoria al no conseguir que votara el 40% del padrón electoral.

Si para supuestamente enjuiciar a quienes nos saquearon y empobrecieron solo participó el 7% del electorado… ¿cuántos participarían para decirle al presidente “más popular” que se vaya?

No se necesitan 3 mil 800 millones de pesos para saberlo. Eso también lo podemos saber gratis.

Y, por si fuera poco, en el improbable caso de que más de 37 millones de mexicanos votaran para revocar el mandato, eso como quiera no les daría la oportunidad de elegir al nuevo mandatario.

La reforma especifica que el presidente de la Cámara de Diputados asumirá provisionalmente la titularidad del Poder Ejecutivo y, luego, el propio Congreso nombraría a quien concluirá la presidencia el 30 de septiembre de 2024.

¿Y quién preside la Cámara de Diputados?

Sergio Carlos Gutiérrez Luna.

Si usted tampoco sabe quién es, busque su nombre al lado de las palabras fraude y desvío de recursos…

Así que no, finalmente no estamos ante un ejercicio ciudadano que salvará la democracia ni ante la revocación de mandato de nadie.

Estamos frente a un estratégico plan para afianzar la popularidad de Andrés Manuel de cara a las próximas elecciones federales.

Porque si él es popular y digno de confianza, cualquier persona que nos proponga para seguir con su ideología será salpicada de esta popularidad… y por supuesto, del voto.

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