5 de julio 2022

19 de abril 2022

Opinión

#YoQuéVoyASaber | El feminismo no es inmune

Yo qué voy a saber

El feminismo no puede disculpar todo, porque entonces se convierte en tiranía y de esa ya tenemos mucha

Por Carolina Hernández

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Esto, es abuso de poder.

Pero esto, es vandalismo.

El feminismo no puede disculpar todo, porque entonces se convierte en tiranía y de esa ya tenemos mucha.

El 7 de septiembre del 2020, colectivos de víctimas y feministas tomaron las instalaciones de la CNDH en la calle República de Cuba como una acción de resistencia ante el hartazgo de la inoperancia de las autoridades y convirtieron el inmueble en un refugio para mujeres.

Entre ese día y el 15 de abril, cuando fueron desalojadas en un excesivo operativo por parte del Gobierno de la CDMX, pasaron muchas cosas.

Sí, la policía montó un increíble despliegue de 200 elementos para detener a tres mujeres, pero la ‘Okupa’ de la calle Cuba estaba lejos de ser un refugio.

Justificar la violencia de las mujeres que agreden a la otra mujer dentro del auto es incongruente, aunque al señalarlo se corra el riesgo de ser considerada misógina, poco sorora, traidora al movimiento…

Ni modo.

Las mujeres no deberíamos ser inmunes a los cuestionamientos solo por el hecho de ser mujer.

El feminismo no debería arropar ninguna vulneración.

Y no, no estoy hablando de las paredes. Esas representan al Estado y se les pinta para incomodar a todos aquellos que se mantienen imperturbables ante la violencia que vivimos.

No confundamos.

Pero ser mujer no nos exenta de fallar.

Ser mujer no nos convierte de inmediato en la encarnación de la razón.

Ser mujer no debería hacernos injuzgables.

Fallamos.

Como fallaron las amigas de Debanhi al dejarla sola.

No, no son culpables de nada, la culpa de que esa muchacha no esté hoy en su casa es de un Estado inoperante, que no nos garantiza la mínima seguridad.

Pero esas muchachas tampoco pueden ser exoneradas de toda responsabilidad.

Porque entonces no habrá lección que aprender y seguiremos siendo vulnerables. Y nos urge dejar de serlo.

Necesitamos cuestionar nuestros feminismos, escudriñar en nuestras deficiencias, encontrar los puntos débiles para entonces reforzarlos.

Quien no hace autocrítica no avanza.

Los feminismos, como todos los movimientos sociales, tienen fallas y está bien. Pero no podemos cerrar los ojos a ellas y hacer como que nada pasa. Porque entonces no habremos aprendido nada de ese patriarcado que tanto daño nos ha hecho. Porque entonces nos convertiremos en unas tiranas, ciegas y sordas… y de eso ya tenemos bastante.

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